De El nombre de la rosa a Cómo casarse con un millonario, cuando un rodaje puede ser tenso o no

La película El nombre de la rosa (1986) cumple 40 años. Por ese motivo, su director Jean-Jacques Annaud ha contado que cuando leyó la novela de Umberto Eco le pareció que estaba escrita para él, porque además de un gran cineasta es un apasionado de las iglesias medievales y un estudioso del latín y el griego. Que no se entendió con uno de sus actores no lo cuenta ahora, lo contó en su momento. F. Murray Abraham era en la película el temible inquisidor Bernardo Gui y Annaud terminó de él hasta las narices. Parece ser que el actor se pasó todo el rodaje presumiendo de su Oscar, que había ganado unos meses antes por su interpretación de Antonio Salieri en Amadeus (1984). El director confesó que le fue mejor con la salvaje bestia de su película siguiente, El oso (1988), que con F. Murray Abraham.

Pero Annaud hizo una gran película que, como declaró el cineasta, traicionaba al libro, pero respetaba al autor. Un clásico sin duda que fue un fracaso en Estados Unidos y un éxito en Europa. Uno de los grandes aciertos fue el reparto capitaneado por Sean Connery, en un papel pensado para Michael Caine. Cuando este dejó pasar la oferta, Annaud se entrevistó con los más grandes: Albert Finney, Richard Harris, Ian McKellen, Roy Scheider, Jack Nicholson, Paul Newman, Marlon Brando, Robert De Niro, Donald Sutherland, Max von Sydow, Yves Montand, Vittorio Gassman y Frederic Forrest. Pero apareció Connery y empezó a leer las frases del guion. “Fue como si escuchara lo que había imaginado dentro de mí durante los dos años que llevaba preparando el proyecto. Le dije que parara en la página 3”. Uno de los candidatos para uno de los secundarios tan característicos que deambulan por el monasterio fue el recordado Luis Escobar.

Coppola no habló con Annaud, pero lo suyo con Shia LaBeouf durante el rodaje de Megalópolis (2024) también es digno de un comentario. Luego están los casos contrarios, rodajes que parecían iban a ser auténticos campos de batalla y luego resulta que fueron como la seda. Los más viejos del lugar recuerdan el de Cómo casarse con un millonario (How to Marry a Millionaire) (1953), con tres estrellas en diferentes momentos vitales y profesionales. Estaba Marilyn Monroe, insegura, asustada y totalmente dependiente para su aprobación en todo de su profesora de interpretación personal, Natasha Lytess. Estaba Betty Grable, una mujer divertida, extrovertida y muy profesional. Y estaba Lauren Bacall, entre dos divas, una que llegaba y otra que se despedía, pero incapaz de llevarse mal con ellas. “No podía odiar a Marilyn. No tenía nada de maldad”. Lauren y Betty se hicieron amigas porque según el guionista Nunnally Johnson “Betty Bacall piensa que Grable es la payasa más divertida que ha tenido el placer de conocer. Lo cual no está lejos de ser cierto. La señorita Grable es una verdadera gamberra, y es una chica buena, salada y obscena, sin ni un ápice de pretensión. Además, nos va a ofrecer la mejor interpretación de su carrera”. Las dos actrices decidieron tener paciencia con Monroe. Según Johnson, “todo el mundo andaba cuchicheando sobre lo que podía ocurrir en el plató, y no hace falta decir que los columnistas de chismes, esos piojos, hicieron todo lo posible por crearnos problemas, publicando todo tipo de rumores maliciosos, en el esfuerzo más desesperado que se haya visto nunca por provocar disputas. Pero no ha funcionado en lo más mínimo”.

El nombre de la rosa se puede ver en Prime Video y en Filmin

Cómo casarse con un millonario se puede ver en M+

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