La pistola y la bala van siempre juntas, pero ¿y el oso panda? Para descubrir la relación entre los dos objetos y el entrañable animal hay que pasar por los cines. Una vez dentro de la sala lo que vamos a ver, en palabras de sus responsables, es una película “divertida, romántica, violenta y tierna”, las cuatro cosas a la vez y en todas partes.

Una pistola, una bala y un oso panda nos invita a un viaje, que es “un grito de guerra contra la resignación, un canto a la vida y a la búsqueda de sentido en medio del absurdo cotidiano”, donde acompañaremos a Saúl, un director de cine frustrado, abandonado por su pareja, en paro y con la cuenta bancaria al límite. Con este panorama, es normal que el hombre atraviese una depresión profunda y pase los días encerrado en su casa. Pero la aparición de un paquete misterioso en su rellano —que contiene un revólver, una bala y una enigmática nota— desencadena una cadena de acontecimientos que cambiará por completo su vida. A partir de ese momento, su rutina da paso a una loca aventura cargada de giros inesperados, donde nada es lo que parece y donde la realidad se mezcla con los sueños.

La película funciona dentro de“un universo propio que se mueve entre lo cotidiano y lo fantástico, entre la lucidez y la locura”. Alain Hernández, ese actor que fue hermano de Mario Casas en Palmeras en la nieve (2015) y después un surfista atrapado en un acantilado en la angustiosa historia basada en hechos reales Solo (2018), es Saúl, el director de cine en crisis porque a sus 45 años aún no ha conseguido hacer ningún largometraje. También conocido por la serie Sueños de libertad (2024-2025), Alain considera que Una pistola, una bala y un oso panda es una película que al principio puede parecer “extraña y surrealista, pero luego adquiere sentido porque habla de temas universales como la necesidad que todos tenemos en algún momento de la vida de cambiar el chip y evolucionar”.

El actor compara este proyecto con los que hizo Woody Allen en sus inicios, el de Toma el dinero y corre (1969), Bananas (1971), Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo* pero nunca se atrevió a preguntar (1972) y El dormilón (1973). A Saúl lo conocemos deprimido, pero a partir de un surrealista suceso se desencadenan una serie de cosas que le llevan a dar por fin el paso y lanzarse a hacer cine.
Para Oriol Cardús, el director, Una pistola, una bala y un oso panda “es una comedia negra, muy urbana, con elementos de metacine y que habla del momento actual de mi generación, esos Peter Pan a los que le vendieron la idea de seguir su sueño. ¿Qué pasa cuando pasa el tiempo y ese sueño no se hace realidad? Esa película habla de esa crisis”.

Este es el segundo largometraje de Cardús tras Entre mareas (2025), un documental sobre el viaje físico, artístico y emocional de una pareja por algunas de las playas más hermosas de España, Santander (Mataleñas y Langre), Ballota (Llanes, Asturias), Playa Torre de la higuera (Matalascañas, Huelva) y la Playa de Sotavento (Fuerteventura), para realizar obras de arte efímeras.
Así pues, Una pistola, una bala y un oso panda es el primero que rueda de ficción, aunque como en Entre mareas, aquí también hay muchas localizaciones, 20 repartidas por toda Cataluña “y esto le da mucha riqueza visual a la película”.
José Troncoso, Teresa Ferrer, Dafnis Balduz, Petra Martínez, Emma Ozores, Patricia Conde, Carles Martínez y Francesc Ferrer completan el reparto de esta producción de la compañía Sin Parpadear, productora creada por el propio Cardús junto al productor Jordi Carbonell.
Una pistola, una bala y un oso panda se estrena en cines el 12 de junio



