Texto: María Estévez (Los Angeles)
A las puertas del centenario de su nacimiento, Marilyn Monroe (1 de junio de 1926 – 4 de agosto de 1962) vuelve a ocupar el lugar que nunca abandonó del todo en el imaginario americano. Pero esta lo hace desde el territorio íntimo y vulnerable de los objetos. Vestidos, cartas, retratos, notas manuscritas, documentos de rodaje. Huellas físicas de una mujer que entendió antes que nadie que Hollywood fabricaba espejismos.

La exposición Marilyn Monroe: Hollywood Icon, a partir del 31 de mayo de 2026 en el Academy Museum of Motion Pictures hasta febrero del 2027, propone desmontar ese espejismo sin destruir su magia. La muestra reúne cientos de piezas originales, muchas expuestas por primera vez, para explorar cómo Norma Jeane Mortenson se convirtió en Marilyn Monroe y cómo esa transformación fue también una obra de voluntad propia.
En una ciudad edificada sobre ficciones, Marilyn sigue siendo la ficción perfecta. Basta recorrer Los Angeles para comprenderlo. Su sombra flota sobre Sunset Boulevard, sobre los antiguos estudios de Hollywood, sobre los moteles donde el neón se resiste al paso del tiempo. En una ciudad obsesionada con el futuro, ella permanece suspendida en un eterno presente.

Y quizá no haya mejor momento para reencontrarse con esa imagen que el verano de 2026, cuando millones de visitantes llegarán a California atraídos por la fiebre mundial del fútbol y la celebración de la FIFA World Cup 2026. Entre partidos, estadios y multitudes internacionales, Los Angeles ofrecerá también su espectáculo, invitando a la posibilidad de regresar al corazón sentimental del viejo Hollywood.
La exposición no es una retrospectiva cinematográfica. Tiene algo de carta de amor a una época en la que el cine todavía era capaz de inventar diosas. Los vestidos expuestos parecen confirmar esa sensación. Allí estará el célebre traje rosa diseñado por William Travilla para Los caballeros las prefieren rubias (1953), quizá una de las prendas más reconocibles de la historia del cine. También podrán verse los trajes creados por Orry-Kelly para Con faldas y a lo loco (1959), película donde Monroe fue la diosa del erotismo.

Contemplar esos vestidos produce una emoción difícil de explicar. Son piezas icónicas con una cálida temperatura humana. Como si Marilyn acabara de abandonar la habitación apenas unos segundos antes. El cine posee esa cualidad fantasmal de transformar la ausencia en permanencia.
La muestra coincide además con un amplio ciclo cinematográfico organizado por el museo, que proyectará 17 películas fundamentales de la actriz entre junio y julio de 2026. Desde Niagara (1953) hasta Vidas rebeldes (1961), pasando por Eva al desnudo (1950) o Con faldas y a lo loco (1959), el programa permite observar cómo Monroe fue refinando una inteligencia interpretativa que durante años quedó eclipsada por su belleza.

Resulta conmovedor descubrir que detrás de la respiración entrecortada, de la voz deliberadamente seductora y de la aparente ingenuidad había una mujer obsesionada con el control de su propia imagen. La exposición insiste en esa idea. Marilyn jamás permitió que la trataran como un producto del sistema de estudios; ella fue autora de sí misma.

Y ahí reside la modernidad de su figura. Hoy, en la era de Instagram y de las identidades cuidadosamente editadas, Monroe parece menos una reliquia del pasado que una adelantada de nuestro tiempo. Comprendió que la celebridad era una narrativa y que sobrevivir dentro de ella exigía interpretar un personaje incluso fuera de cámara. El propio museo, diseñado por Renzo Piano, parece pensado para este diálogo entre memoria y artificio. Su arquitectura luminosa, suspendida sobre Wilshire Boulevard, funciona como una especie de templo contemporáneo dedicado al cine y a sus fantasmas. Para quienes visiten Los Angeles durante este año la exposición ofrece además una experiencia inesperadamente romántica. Porque Marilyn representa la melancolía de otra época. La certeza de que toda belleza verdadera contiene algo a punto de desaparecer. Hollywood evoca sueños con esta exhibición dedicada a su gran diosa.



