El Triángulo de las Bermudas: Antes de Deep Water, Aeropuerto ’77

Sin pretenderlo, el escritor Charles Higham desveló en 1984 la sinopsis de En mar abierto (Deep Water) (2026), película que se estrena en cines el 7 de agosto. Fue en su libro Hermanas. La historia de Olivia de Havilland y Joan Fontaine. En las últimas páginas de este recorrido por la vida de las dos estrellas, hermanas que nunca se llevaron bien, Higham dedica un par de líneas a Aeropuerto ’77, una de las últimas películas de Olivia de Havilland, y nos cuenta de qué va: “un avión es secuestrado y aterriza en las aguas infestadas de tiburones del Triángulo de las Bermudas”. Higham se equivoca porque en esa tercera aventura de la saga iniciada con Aeropuerto (1970), no vemos a ningún tiburón, pero alguno de los cuatro guionistas de En mar abierto (Deep Water) debió tomar nota.

En la biografía de las dos estrellas ganadoras del Oscar (Olivia por partida doble) Higham nos cuenta que Olivia disfrutó con el rodaje, sobre todo “con la experiencia de subirse a un jet que colgaba de un soporte voladizo en el estudio de la Universal y que se balanceaba de una forma alarmante”. Tampoco supuso ningún problema para la actriz con 60 años recién cumplidos “que la zambulleran en el agua, como antes a Shelley Winters en La aventura del Poseidón (1972) y Ava Gardner en Terremoto (1974)”. Cuando el avión ya ha caído al agua y está peligrosamente sumergido al borde de un acantilado submarino, Olivia demuestra que es una de las grandes en su papel de Emily Livingston mandando callar a todos los aterrorizados pasajeros porque cree oír pasar un barco por encima: “todos en silencio un momento, escuchen”. La gran dama sube al avión acompañada por su asistente Dorothy (Maidie Norman), juega al póker y se reencuentra con un viejo amor que atiende al ampuloso nombre de Nicholas St. Downs III (Joseph Cotten).

Jack Lemmon rescata a Olivia de Havilland

Con dos Oscar, Olivia era la estrella más reluciente de la película, un proyecto que aceptó por su amistad con el productor William Frye, con el que había hecho el telefilm de misterio The Screaming Woman (1972), un proyecto que había rechazado Joan Crawford.

Curiosamente, Frye le ofreció antes el papel de Emily Livingston a Crawford, que lo dejó pasar porque exigió como compañero, para interpretar a Nicholas St. Downs, a Joel McCrea. “De todas formas, me pidieron que me presentara en el rodaje con solo una semana de antelación. No había tiempo suficiente para las pruebas de maquillaje o los ensayos, y cuando les pregunté por los detalles del vestuario, dijeron que no me preocupara porque iba a usar mi propia ropa”. También se tanteó a Irene Dunne ofreciéndole un Rolls-Royce nuevo cada año durante diez años. A Dunne le gustó la propuesta, pero la rechazó porque “no me gustan los Rolls-Royces”.

Jack Lemmon y Brenda Baccaro en la escena final

En la magnífica Canción de cuna para un cadáver (Hush…Hush, Sweet Charlotte) (1964), Cotten y De Havilland ya eran cómplices y algo más. En esa macabra y fascinante intriga de Robert Aldrich, Olivia también sustituyó en el último momento a Crawford.

Christopher Lee y Lee Grant. Él murió en 2015 con 93 años. Ella vive y ha cumplido 100

Olivia no es la única estrella de la película. El cine de catástrofes de esa época se caracterizaba por reunir a grandes figuras del Hollywood clásico y ponerlas en situaciones complicadas. En esta ocasión, los más divertidos son Christopher Lee y Lee Grant, improbable matrimonio que se lleva fatal. Ella, que se llama Karen, le dice a él, que se llama Martin y es un enamorado del mar y de las profundidades marinas, “eres inteligente, pero nada listo”. Lee Grant acababa de ganar el Oscar como actriz de reparto por Shampoo (1976) y quien sabe si no estaba persiguiendo una nueva nominación con su interpretación de esta mujer insoportable, egoísta y pesada. En todas las películas de catástrofes hay alguien protestón. Karen es una “hija” directa de aquel inolvidable Rogo del gran Ernest Borgnine en La aventura del Poseidón (1972). Una candidatura al Oscar no era nada improbable. Shelley Winters la había conseguido en la película del barco volcado por una ola gigante. Pero cuando Eve (Brenda Baccaro) la pega un tortazo para que se calle de una vez, toda posibilidad de premio se agota para la peleona Karen. Por cierto, Lee Grant y Brenda Baccaro eran amigas, coincidieron como nominadas el año en que ganó la primera y en su debut como directora con el especial de televisión The Shape of Things (1973), Grant contó con Baccaro. La actriz de Shampoo cumplió en octubre de 2025 nada menos que 100 años.

Eve por su parte es la prometida del comandante del avión Don Gallagher (Jack Lemmon) y además trabaja como asistente del millonario Philip Stewart (James Stewart), que es un hombre muy poderoso cuyo modelo podría ser Heini Thyssen porque entre otras muchas cosas es un gran amante del arte con una impresionante colección “que empezó con un Renoir”. Entre los planes de Philip Stewart está crear un museo y por eso los cuadros viajan en el avión siniestrado junto con ilustres invitados del magnate.

Pero el gran protagonista de la historia es Jack Lemmon, improbable héroe de la catástrofe. Es curioso cómo las grandes estrellas que participaron en esta moda de películas renegaron de ellas. Burt Lancaster dijo que Aeropuerto (1970) era “la mayor porquería de la historia del cine”. En la excelente biografía de Paul Newman escrita por Shawn Levy se ignora El día del fin del mundo (When Time Ran Out…) (1980). Ni una línea para esa película que fue pionera en la modalidad volcanes en erupción justo por detrás de Al este de Java (Krakatoa: East of Java) (1968).

Jack Lemmon y Darren McGavin

Lemmon no fue una excepción y siempre consideró que aceptar esta película había sido un gran error. Parece ser que en esa época las cosas no le iban bien. Su anterior película Amor bajo fianza (Alex & the Gypsy) (1976), había sido un desastre en todos los sentidos. Cuentan que Lemmon asistió a un pase previo de la película junto con su amigo Walter Matthau. Cuando terminó la proyección, Lemmon, preocupado, le pidió consejo a su compañero y este le aconsejó que lo mejor que podía hacer era salir pitando de la sala. Ante ese panorama, Lemmon creyó que tal vez nunca volvería a trabajar y le ordenó a su agente que aceptara el siguiente proyecto con un claro componente comercial que le ofrecieran. Esa petición fue considerada luego por el actor como una decisión terrible.

Terrible es lo que pasa en la película con la niña herida. Tras la brutal caída al mar, los pasajeros del avión intentan recomponerse, pero la pequeña está muy mal. La madre pide ayuda y entonces aparece el Dr. Williams (M. Emmet Walsh), que termina confesando que no es médico, es veterinario. Aun así, emite un diagnóstico: tiene lesiones internas muy graves. Aquí tenemos la escena más divertida de toda la película: el veterinario agarra a la cría como si fuese una muñeca de trapo y la mueve de sitio ¡¡¡con lesiones internas!!!

Menos mal que hay gente inteligente dentro de ese 747 sumergido. Por ejemplo, el eficiente y valiente Stan Buchek (Darren McGavin), que en un momento de mucha tensión le dice a su amigo el comandante Gallagher: “Hay muchas cosas que decir, pero no hay tiempo para decirlas”.

Los secuestradores del avión pretenden llegar a la Isla de San Jorge, en el archipiélago de las Azores, pero terminan en el Triángulo de las Bermudas, una zona rodeada de misterio que curiosamente no ha sido muy recurrente en el cine. Tenemos El triángulo diabólico de las Bermudas (The Bermuda Triangle) (1978), una coproducción entre Italia y México del cineasta René Cardona Jr. con un reparto de lo más pintoresco, desde John Huston y Claudine Auger hasta Marina Vlady, Hugo Stiglitz y Andrés García. Si esta es una serie B para cine de barrio, todo lo demás es subproducto para televisión. Aunque no entre en ese triángulo maldito, también podemos nombrar El final de la cuenta atrás (The Final Countdown) (1980), una de barcos desaparecidos en el Océano Pacífico con Kirk Douglas, Martin Sheen y Katharine Ross.

Pero para maldiciones, la que cayó sobre los aviones de la saga Aeropuerto. El 707 utilizado en Aeropuerto (1970) se estrelló en una favela muy poblada de Säo Paulo en 1989. El accidente causó la muerte de los 3 tripulantes del vuelo, pocos porque era de carga, y de 22 personas en tierra.

El avión privado Beachcraft Baron que pilota Dana Andrews y que colisiona contra la cabina de un Boeing 747 en Aeropuerto 1975 (1974) también se estrelló contra otro avión en 1989.

Y el Concorde que vemos en Aeropuerto ’80 (1979) se estrelló en las afueras de París en 2000 justo cuando despegaba del aeropuerto París-Charles de Gaulle rumbo a Nueva York, matando a los 109 pasajeros y a cuatro personas en tierra.

Aeropuerto ’77 es la única de las cuatro que no tiene un equivalente en la vida real, aunque podríamos nombrar el misterio de la desaparición del vuelo 370 de Malaysia Airlines en 2014, sobre todo cuando uno de los secuestradores dice en la película que “ha llegado la hora de ocultarse del radar y desaparecer”, que es justamente lo que le ocurrió al avión con 239 personas a bordo que cubría el trayecto Kuala Lumpur-Pekín. Aeropuerto ’77 también tiene otra conexión con un suceso real. La película se estrenó el 25 de marzo de 1977, dos días antes de que dos 747 chocaran en la pista envuelta en niebla del aeropuerto de Tenerife, en las Islas Canarias. Aún hoy sigue siendo el accidente aéreo más mortífero de la historia con un total de 583 víctimas mortales.

En mar abierto (Deep Water) se estrena en cines el 7 de agosto

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