Los Ilusos 13+ 13

5 de junio de 2026 en cines

Dirigida por Jonás Trueba

Guión Jonás Trueba

Reparto Francesco Carril, Aura Garrido, Vito Sanz, Mikele Urroz, Isabelle Stoffel

Duración 93 m

Por qué hay que verla

Hay películas que nacen dos veces. Los ilusos (2013), segunda película de Jonás Trueba (“película cero” prefería llamarla él), y obra fundacional de su productora junto a Javier Lafuente, se estrenaba tímidamente en la Cineteca de Madrid hace ahora 13 años, justamente el 13 de abril. Aquella película sobre una película, rodada junto a un grupo de actores y técnicos que han seguido trabajando juntos a lo largo de estos años bajo el mismo impulso, llega por fin a las salas comerciales en una nueva versión que reescribe su propia historia: Los ilusos 13+13.

“La ecuación “13+13” en el nuevo título responde a la fecha de estreno, en 2013, de la versión anterior en blanco y negro, más los trece años transcurridos, hasta 2026, para esta nueva versión en color. Tuvimos la tentación de enfrentar ambas versiones, pero finalmente hemos decido que podían convivir y sumar, y el resultado es una película que nos parece más justa” explica el cineasta.

Los ilusos 13+13 funciona como un raro ejercicio de salto el tiempo: una película que se termina de revelar años después de haber sido hecha, y que encuentra en ese desfase su verdadero sentido. Combinando color y blanco y negro, proponiendo nuevos encuadres y ajustes de postproducción, “Los ilusos 13+13”es la misma, pero no es igual.

La nueva versión incorpora el color original rodado en su momento, hasta ahora inédito, y plantea un diálogo entre ambos materiales que, en palabras del director, “restituye algo muy genuino de la actitud con la que concebimos aquella experiencia vital. Refleja los vaivenes y cambios de ánimo en el proceso de creación, es más luminosa y menos solemne. Nos hemos enfrentado al color original que permanecía oculto como si hubiéramos descubierto una pintura debajo de otra”.

El gesto no es menor: implica reabrir una película que, durante años, permaneció fijada en una versión precaria marcada por las limitaciones de producción, y confrontarla con el paso del tiempo.

“Hace trece años nos quedamos sin presupuesto para afrontar bien la postproducción, y la copia que exhibimos estaba sacada de un telecine de trabajo de montaje, bastante cutre, todo hay que reconocerlo… Tuvo su gracia, pero siempre pensaba que algún día deberíamos mostrarla en mejores condiciones. Ahora nos hemos podido permitir volver al negativo original y recuperar su verdadero carácter. La imagen tiene más grano si cabe, pero también aparecen texturas y colores preciosos”, añade Trueba.

Lo que en 2013 fue un gesto casi clandestino —una película autofabricada, fuera de los circuitos industriales — reaparece ahora como piedra angular dentro de una filmografía consolidada, pero también como una revisión de su propia evolución.

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