La nueva sensación se llama Priscilla Delgado, es de Puerto Rico, pero ha vivido siempre en España y muchos la recuerdan por la serie Los Protegidos, que empezó a rodar con siete años y en la que estuvo tres temporadas, de 2010 a 2012. En la tercera de Euphoria (HBO) que se ha estrenado ahora es Angel, una de las bailarinas del club de striptease Silver Slipper, donde trabaja Zendaya -un puesto que consigue Rue Bennett en el primer capítulo tras ponerse una manzana en la cabeza y servir de diana para el mafioso y explotador de mujeres Alamo Brown, interpretado por Adewale Akinnuoye-Agbaje– y donde también baila Rosalía en el papel de Magick, la misma que se cruza con Rue, choca con ella y le suelta toda borde “mira por dónde vas”. Todo esto pasa en el segundo episodio, titulado America My Dream. En realidad, Euphoria es una puesta al día de Less Than Zero (Golpe al sueño americano) (1987) ese clásico de los 80 que todos recordamos. Bret Easton Ellis podría haber firmado los ocho episodios de esta tercera temporada.

Priscilla Delgado rueda ahora una adaptación de la mítica Prison Break. Como dice la nota oficial, será una serie ambientada en el mismo universo que la original, como una secuela con nuevos personajes y una nueva historia en lugar de un remake propiamente dicho.

Mientras, Sydney Sweeney se prepara para ser la nueva Barbarella bajo las órdenes de Edgar Wright, responsable de una de las películas más subvaloradas de los últimos años, Última noche en el Soho (2021). Barbarella fue Jane Fonda para su entonces marido Roger Vadim en 1968. Lo cierto es que el autor del cómic original, Jean-Claude Forest, siempre dijo que la aventurera espacial “libre, dueña de sus acciones y de su cuerpo”, en palabras del propio historietista, estaba inspirada en Brigitte Bardot. La estrella francesa rechazó la propuesta, igual que hicieron la italiana Sophia Loren y la estadounidense Raquel Welch. La película convirtió, muy a su pesar, a la combativa Jane Fonda en “la diosa del sexo más icónica de los años 60”, como escribió el New York Times.

¿Se podría decir eso mismo de Sydney Sweeney en este siglo XXI? En Euphoria, Cassie, el personaje de la actriz, se presenta como un nuevo mito sexual mientras se prepara a conciencia para lucirse en todo su esplendor en Only Fans y suena de fondo el I Wanna Be Loved by You que Marilyn Monroe cantó en Con faldas y a lo loco (Some Like it Hot) (1959) y Betty Boop en el corto The Romance of Betty Boop (1985). Pero lo fuerte llega en el episodio 5 de esta tercera temporada de Euphoria, titulado This Little Piggy, con Sydney desmelenada, desinhibida y emulando a otra rubia de Hollywood: Daryl Hannah en la película El ataque de la mujer de 50 pies (1993), que a su vez era un remake de un clásico serie B de 1958 protagonizado por Allison Hayes. En esas escenas es cuando vemos que hoy en día solo Sydney puede ser y debe ser Barbarella.

Barbarella fue un personaje mítico del cine de los 60, como lo fue James Bond. El actor inglés Tom Francis (1999), sin experiencia en el cine salvo una pequeña aparición en Jay Kelly (2005) de Noah Baumbach, pero reconocido en los escenarios de Broadway y del West End gracias al musical Sunset Boulevard, empieza a sonar como posible candidato firme a ser el nuevo agente secreto con licencia para matar. Su interpretación del guionista Joe Gillis, que termina de gigoló de una olvidada estrella de cine, le valió una nominación al premio Tony en 2025, así que ya tiene algo ganado este joven actor que tendrá que competir por el papel de 007 con colegas con más experiencia como Aaron Taylor-Johnson (1990), Callum Turner (1990), Tom Blyth (1995), Harris Dickinson (1996) o Louis Partridge (2003), todos ingleses y todos entre 36 y 23 años, los dos primeros, e imprescindibles, requisitos para entrar en el casting.


Michel Franco estrena Dreams (19 de junio en cines) con Jessica Chastain y dice de la actriz que “busca una carrera como la de Isabelle Huppert”. Si la francesa aceptó el papel protagonista de la controvertida Elle (2016) de Paul Verhoeven, un arriesgado personaje que rechazaron estrellas como Diane Lane, Chastain se lanza a la piscina en Dreams y vive un tórrido romance con un chico más joven (exactamente 13 años). Lo cierto es que muchas actrices estadounidenses admiran a Huppert, que ha tenido carrera en Hollywood e incluso ha sido rubia de Hitchcock en la obra maestra Falso testigo (The Bedroom Window) (1987) del siempre recordado Curtis Hanson. Además, puede presumir de ser una de las 13 actrices francesas nominadas al Oscar y, de esas, una de las siete que ha sido candidata por una interpretación en francés, la de precisamente Elle. En la parte negativa, Huppert perdió el papel de Francesca Johnson en Los puentes de Madison (1995) y el de Ada McGrath en El piano (1993).

También ha contado Julie Delpy que se quedó sin el papel principal en el remake Sabrina (1995) por ser demasiado “problemática” y no callarse nada y denunciar todo lo malo. Según ella, mucha gente espera que las mujeres tengan un cierto límite en cuanto a lo educadas que pueden ser porque parece que es más propio de los hombres decir cosas realmente escandalosas. No es su caso. Al final, la película de Sydney Pollack no gustó a nadie y menos que a nadie a Harrison Ford. El papel principal femenino estaba pensado para Winona Ryder, y cuando lo rechazó, entraron en el casting las francesas Juliette Binoche y Julie Delpy, que tuvieron que competir con estrellas de Hollywood como Gwyneth Paltrow, Robin Wright, Cameron Diaz o Meg Ryan. Se lo llevó la inglesa Julia Ormond. Delpy efectivamente no se calla y, aunque ha estado nominada al Oscar por los guiones de Antes del atardecer (2005) y Antes del anochecer (2014), dice cosas tremendas sobre esos premios. “El 90% de los hombres blancos mayores de 70 años necesitan dinero porque llevan mucho tiempo sin hacer nada, solo tienes que darles dos o tres regalos y los tienes en el bolsillo. No significan nada para mí, así que no me importa si hay mujeres en el proceso de selección. Es más, cada vez que me he convertido en parte de la corriente principal de Hollywood, ¡ha sido una porquería!”.



