Por Dingleby Haight
George Clooney ha dicho en el Festival de Venecia que ha terminado convertido en un actor de carácter. Al fin y al cabo, su único Oscar como intérprete fue como secundario por Syriana (2005), para la que engordó casi 16 kilos. El actor ha recibido el León de Oro homenaje a toda su carrera y efectivamente es una estrella, por mucho que él diga lo contrario. Un actor de carácter no interpreta a una celebridad cinematográfica como Jay Kelly (2025) el mismo que va a recibir un homenaje en un festival de cine italiano. Eso fue el año pasado en la película de Noah Baumbach, estrenada curiosamente también aquí en Venecia. “Si eliges a una estrella de cine para hacer de una estrella de cine, estás poniendo espejos para provocar una sensación de identificación”, dijo Baumbach en su momento.

Clooney habló en la rueda de prensa de la libertad de expresión, de los tiempos difíciles por los que pasa su país (aunque desde 2025 tiene la nacionalidad francesa) y de Mark Ruffalo, al que defendió, justo cuando 180 artistas judíos también han apoyado al actor, en el foco de la ira y acusado de antisemita por cuestionar la fusión entre Paramount y Warner. No dijo nada de Ocean’s 14, su nuevo proyecto, donde volverá a reunirse con sus amigos Matt Damon, Brad Pitt, Julia Roberts, Andy Garcia y Don Cheadle. Esta película coincidirá con una precuela de la saga Ocean’s que dirige y protagoniza Bradley Cooper, con Margot Robbie, Monica Barbaro, Wagner Moura, Josh Gad, George Mackay, Omar Sy y Vicky Krieps. Todo lo relacionado con Danny Ocean parece la MGM, cuyo lema era “más estrellas que en el firmamento”.

El otro gran nombre de este primer día de la 83ª edición del festival de cine más antiguo del mundo (empezó en 1932) y uno de los más importantes junto a Cannes, Berlín y Toronto, fue el de Maggie Gyllenhaal, en su papel de presidenta del jurado. La actriz y directora es como Clooney, como Jane Fonda, como Javier Bardem o como Joaquin Phoenix. No se callan, están muy comprometidos y comparten las palabras de este último: “Entiendo cómo puede sonar estar sentado en un hotel de lujo o en una gala de los Oscar hablando de cómo solucionar el mundo. Sé que es muy fácil. La mayoría de la gente piensa que sale más rentable estar callado, y probablemente tengan razón. Es más seguro. Pero creo que me preocuparía más mantenerme callado que decir lo que pienso. En cualquier caso, tampoco conviene sumarse al ruido excesivo que nos rodea. Digamos que soy de la opinión de hablar, sí, pero hacerlo desde la experiencia y la reflexión. Aunque, a veces, es sano decir lo que te salga de los cojones y no pensar en las consecuencias”.

Por eso, Maggie, hija de un director de cine y de una productora y escritora, esposa de un actor y hermana de otro, también señaló que el mundo está en estado de emergencia y denunció la poca presencia de mujeres directoras en la sección oficial. Solo dos, la danesa May el-Toukhy, que presenta el drama Kvinde ukendt, y la israelí Rachel Szor, que estrena el documental Naza, hora y 20 minutos para ser testigos durante la noche desde los tejados de Tel Aviv de las operaciones militares de Israel en Gaza. Szor codirige la película con el también israelí Yuval Abraham. Ambos tienen el Oscar por No Other Land (2024), también sobre el conflicto palestino-israelí. Ese documental ganó en la Berlinale de 2024, y el discurso de Yuval al recibir el premio fue calificado de «antisemita». Como el de Mark Ruffalo. Como hace casi 50 años el de Vanessa Redgrave al recoger el Oscar como actriz de reparto por Julia (1978).

Parece que para este primer día de festival todos se pusieron de acuerdo. Clooney, hijo de periodista, habló de la libertad de prensa, y la película inaugural, Ink, narra cómo a finales de la década de 1960 un diario olvidado llamado The Sun llegó a convertirse en el más leído del Reino Unido gracias a su giro populista y sensacionalista. La expectación era máxima porque dirige Danny Boyle y porque Guy Pearce interpreta a Rupert Murdoch, el magnate que compró el periódico y le dio la vuelta. Jack O’Connell es el editor Larry Lamb, el otro artífice del despegue. Basada en una obra de teatro de James Graham, Ink ya suena para la temporada de premios, y su discurso (el del director) no puede ser más potente. “El periodismo es una de las bases de cualquier civilización. Hay quienes se levantan y dicen la verdad al poder. Tener a esas personas en la sociedad es realmente importante, por eso el peligro está en que los gigantes tecnológicos y su IA puedan reemplazar al periodismo», dijo Boyle en la rueda de prensa.

Y como todo parece estar conectado en esta 83ª edición del festival, vamos a terminar diciendo que Guy Pearce tampoco quiere ser una celebridad. “Lo probé un poco en el pasado y fue divertido, pero una vez que te das cuenta de que estás dentro, sabes que ya no quieres estar ahí”. Pearce australiano como Murdoch (nacionalizado estadounidense, aunque nació en Melbourne en 1931), confirmó de paso que ha estado en contacto con Elisabeth Murdoch, y que le había dicho que su padre estaba muy contento de que le interpretase. Por cierto, Murdoch vendió Twentieth Century Fox (fundada en 1933) a Disney (fundada en 1923), del mismo modo que ahora David Ellison, CEO de Paramount (fundada en 1912), se va a quedar con Warner Bros (fundada en 1923).



