Los protagonistas de The Devil’s Mouth (La Boca del Diablo) son cinco amigos, tres chicas y dos chicos, de vacaciones en Tailandia. Les gusta Sabrina Carpenter, un icono de estilo para muchos, y Jason Momoa en Aquaman (2018).

A las primeras de cambio un montón de medusas atacan a una de las jóvenes. Resulta que por un error tonto el barco alquilado para la excursión se ha puesto en marcha sin ella y la chica se queda olvidada en medio del mar, como ocurrió con la pareja de la excelente Open Water (2003), película por cierto basada en la historia real ocurrida en 1998 de Thomas y Eileen Lonerga.

Superado el susto, los chicos se bañan por la noche desnudos en la playa, como Chrissie en Tiburón (1975), la madre de todas las películas de este tipo, y alguien comenta que como mañana van a bucear en agua dulce no hay nada que temer. La excursión es a las cuevas de La Boca del Diablo, que tienen un fondo marino parecido al de Buscando a Nemo (2003). También tienen amenazadores murciélagos, miles de ellos revoloteando en una imagen que impresiona, como los de Bats (1999), la monster movie escrita por el genio John Logan que puede presumir de haber contado con un presupuesto de 5,25 millones de dólares, recuperar su inversión en su primera semana en los cines y finalmente recaudar más de 30 millones de dólares en todo el mundo.

Las cuevas que van a visitar buceando los cinco amigos se comunican con el mar, y además debajo hay un poblado entero sumergido, como ocurría en la casa de la familia Freeling en Poltergeist (1982).
Está claro que a estos jóvenes no les va a pasar nada bueno en esas cuevas porque como muy bien dice alguien, “algunos tiburones toleran el agua dulce”. La película no está inspirada en los recientes (mayo 2026) y trágicos hechos reales en los que cinco submarinistas italianos fallecieron tras quedar atrapados en una gruta en las Islas Maldivas. En cualquier caso, si quieres ver una película buena sobre gente atrapada en cuevas y grutas ahí está The Descent (2005), de Neil Marshall.

The Devil’s Mouth (La Boca del Diablo), en cambio, es ridícula y cuando una de las chicas gritas que no ve nada porque todo está muy oscuro piensas que eso es justamente lo que te está pasando a ti como espectador. Los protagonistas tienen que conseguir que no les detecte el tiburón, pero lo que consiguen es que no les detectemos nosotros. Ya casi al final, la protagonista le dice a su amiga que “tenemos todo el tiempo del mundo”, algo que es mentira. Si quieres ver una película donde esa frase tiene todo el significado, recupera 007 al servicio secreto de su Majestad (1969) o en su defecto Sin tiempo para morir (2021).



