Que el cielo la juzgue (Leave her to Heaven) y Ambiciosa (Forever Amber): Dos clásicos muy conectados

Curiosas conexiones entre los clásicos de Hollywood Que el cielo la juzgue (Leave her to Heaven) (1945) y Ambiciosa (Forever Amber) (1947). John M. Stahl iba a dirigir las dos, pero salió de la segunda, un melodrama de época, cuando en los despachos de 20th Century Fox se decidió parar el rodaje para retocar el guion y enderezar la historia. En ese momento, la protagonista era la inglesa Peggy Cummins, que había viajado desde Londres a Hollywood para hacer la película. Cuando el proyecto se reanudó varias semanas después, director y actriz estaban fuera y entraron para sustituirlos el temperamental Otto Preminger y la sensual Linda Darnell.

También Gene Tierney podía haber protagonizado las dos, porque en un momento dado fue considerada para interpretar a la “ambiciosa” Amber St. Clair. Cuando Preminger tomó las riendas de la superproducción histórica ambientada en Inglaterra en el siglo XVII, y una de las películas más caras de los años 40, con un presupuesto final de más de 6,5 millones de dólares, venía de triunfar con un pequeño film negro llamado a hacer historia. Laura (1944) lo rechazó Hedy Lamarr y terminó siendo para Gene Tierney, estrella que atravesaba una excelente racha pues luego encadenaría títulos como Que el cielo la juzgue (Leave her to Heaven), por la que recibió la primera y única nominación al Oscar de su carrera, El castillo de Dragonwyck (1946) y El filo de la navaja (The Razor’s Edge) (1946). Si Tierney pasó a la historia gracias al no de Lamarr, también debe darle las gracias a Rita Hayworth, la primera opción para interpretar a la celosa y maquivélica Ellen Berent Harland de Que el cielo la juzgue.

Esta mujer que ha pasado a la historia del cine como una de las más tremendas y retorcidas tiene un problema: “ama demasiado y convierte en intrusos a todos los demás”. «¿Qué te está pasando?», le pregunta estupefacto y con miedo el pobre escritor que ha caído en sus garras y casi sin saber por qué se ha casado con ella. Richard Harland, al que interpreta Cornel Wilde, tiene motivos para tener miedo. A su bella mujer le sobra mucha gente. Las primeras, su madre (Mary Philips) y su prima Ruth (Jeanne Crain). Luego su cuñado Danny (Darryl Hickman), el hermano paralítico de Harland. También el capataz de la cabaña Back of the Moon (Chill Wills). Ellen Berent Harland tiene celos de todos y los va eliminando uno a uno de sus vidas (algunos de forma figurada, a los menos afortunados, literalmente).

Menos mal que para consolar a Richard Harland está la bella prima Ruth, interpretada por Jeanne Crain, esa actriz a quien Joseph L. Mankiewick no quiso en Eva al desnudo (1950). “El estudio la quería para ser Eva Harrington. Es bonita y trabajadora, pero no una gran actriz”, dijo el director. El mismo cineasta también tenía su opinión sobre Linda Darnell, a la que dirigió en Carta a tres esposas (A Letter to Three Wives) (1949) y Un rayo de luz (No Way Out) (1950). “Una chica maravillosa con problemas personales aterradores”, sentenció.

En Que el cielo la juzgue, Jeanne Crain poco tiene que hacer frente a Gene Tierney salvo aguantar las embestidas de su furiosa prima, que, dicho sea de paso, al final resulta que tenía razón para estar celosa. Ruth siempre ha estado secretamente pero perdidamente enamorada de Richard Harland. A Ellen le saltan las alarmas cuando su marido le dedica a la prima y no a ella su nueva novela, The Deep Well.

La película con su colorida y excelente fotografía (premiada con un Oscar) nos lleva de viaje a diferentes escenarios. Empezamos en un tren donde se conocen Ellen y Richard, en una escena que recuerda al primer encuentro entre Guy (Farley Granger) y Bruno (Robert Walker) en Extraños en un tren (Strangers on a Train) (1951), de Alfred Hitchcock según la excelente novela de Patricia Highsmith. El viaje termina en Nuevo México, concretamente en Rancho Jacinto, propiedad del común amigo de los dos y abogado Glen Robie (Ray Collins). En esa casa el escritor de best-sellers y la pobre niña rica y caprichosa empiezan a conocerse a fondo. Aunque alguien le advierte que “a Ellen jamás le pasa nada” y “siempre gana”, Richard Harland está fascinado con esa mujer desde que la conoce en el tren y luego se la presenta formalmente su abogado. En la escena en que la ve nadando en esa especie de piscina lago del rancho, ya está perdidamente enamorado de ella, pese a que sabe que está comprometida con Russell Quinton (Vincent Price), un tipo estirado metido en política.

De Rancho Jacinto nos vamos a Warm Springs, Georgia, una ciudad balneario donde además de a Danny, el hermano pequeño de Richard a quien este protege y adora, también podíamos haber visto a Franklin D. Roosevelt, asiduo visitante de la zona también paralítico que acudía a la ciudad para recuperar la fuerza en sus piernas bañándose y haciendo ejercicio en los manantiales naturales.

Luego nos vamos a Back of the Moon, la cabaña que tiene Richard en las montañas de Deer Lake, Maine. En ese maravilloso escenario tiene lugar una de las escenas más recordadas de la película, en la lista de las más tremendas de la historia del cine.

Terminamos el viaje en Bar Harbor, la casa que tiene la familia Berent también en Maine.


Gene Tierney (Ellen) y Cornel Wilde (Richard)

Que el cielo la juzgue, una de las películas favoritas de Martin Scorsese, está basada en una novela de Ben Ames Williams, el mismo escritor de la la novela en que se basó The Strange Woman (1946) todo un clásico y otro fascinante retrato de una mujer manipuladora y cruel, capaz de todo para conseguir sus objetivos. La interpretó Hedy Lamarr, la estrella que rechazó Casablanca (1942) y Laura (1944) y fue la inspiración de Anne Hathaway para crear su Catwoman en El caballero oscuro: La leyenda renace (2012).

Que el cielo la juzgue también se podía llamar “Esa clase de monstruo” y tiene en sus diálogos una gran frase: “me quiere, pero no le caigo bien”.

Otra dama de armas tomar es Amber St. Clair, la protagonista del best-seller de Kathleen Winsor Forever Amber (Ambiciosa), adaptado al cine en 1947. El objetivo era hacer algo muy grande, un proyecto que terminó convirtiéndose en uno de los más caros de la época y un rodaje tormentoso, con cambio de director, John M. Stahl, -que venía de dirigir Que el cielo la juzgue-, dejó su puesto para que entrara Otto Preminger, -que venía de dirigir Laura-, y de actriz protagonista.

Linda Darnell es Amber St. Clair, hija adoptada de unos granjeros que en la Inglaterra de siglo XVII, con el Rey Carlos II por fin en el poder tras la ejecución de su padre Carlos I, una guerra civil y una república liderada por Oliver Cromwell, sube como la espuma hasta convertirse, tras un montón de desventuras, en mujer poderosa, cortesana y amante del rey. La estrella absoluta es una Linda Darnell espectacular, poderosa y potente, rodeada de grandes actrices de reparto (Anne Revere da miedo como la jefa de una banda de atracadores, Margaret Wycherly da aún más miedo como una bruja curandera que se tira de los pelos a golpes con la protagonista, Norma Varden inquieta como una tramposa estafadora de buenos modales y Jessica Tandy, más de 40 años antes de ganar el Oscar por Paseando a Miss Daisy y 15 de interpretar a la vigilante madre de Rod Taylor en Los pájaros, está muy graciosa como la fiel sirvienta de Amber). El galán es Cornel Wilde, que ahora no es un escritor enamorado como un tonto, es un valiente soldado del rey que se reinventa como corsario. Él sabe que la chica “solo ama su desmedida ambición” y tiene “malos modales”, pero en el fondo son tal para cual, así que mientras dure la alegría, que no pare.

Lana Turner hubiera estado bien como Amber, pero por lo que fuera lo dejó pasar y cayó en las manos de Linda Darnell, una actriz de estrellato efímero (década de 1940), que murió quemada cuando un fuego arrasó el apartamento donde dormía una noche de abril de 1965. Es curioso como esta estrella de inolvidable presencia se relacionó con el fuego en sus películas. En Concierto macabro (Hangover Square) (1945) es asesinada y su cuerpo acaba en una de las hogueras de la noche de Guy Fawkes y en Ambiciosa vemos cómo se queda fascinada con las llamas que están devorando la mansión de su marido de conveniencia, el conde de Radcliffe, hasta el punto de que casi muere abrasada.

Extrañas conexiones

Esta fue una de las cuatro películas que Linda Darnell rodó con Otto Preminger. Las otras son ¿Ángel o diablo? (Fallen Angel) (1945), Sucedió en verano (Centennial Summer) (1946) y Cartas envenenadas (The 13th Letter) (1951).

Otto Preminger dirigió a Gene Tierney en Laura y John M. Stahl, el director que comenzó el rodaje de Ambiciosa antes de ser despedido y dirigió a la actriz en Que el cielo la juzgue, coincidió con Linda Darnell en The Walls of Jericho (Murallas humanas) (1948).

“Que Dios perdone nuestros pecados”, exclama Bruce Carlton (Cornel Wilde) en Ambiciosa. En Que el cielo la juzgue, el mismo actor, ahora como un moderno escritor de éxito, se las vuelve a ver con una mujer manipuladora.

Vincent Price es en Que el cielo la juzgue el vengativo prometido de la protagonista, al que esta manda a paseo cuando conoce al escritor. En Ambiciosa, Price interpretó a Lord Harry Almsbury, el mejor amigo de Bruce Carlton, pero cuando el rodaje se suspendió y se reanudó unas semanas después, fue sustituido por Richard Greene, como también fueron despedidos el director John M. Stahl y la protagonista Peggy Cummins.

Que el cielo la juzgue (Leave her to Heaven) (1945) y Ambiciosa (Forever Amber) se pueden ver en Filmin

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