“El día que llegó la lluvia descubrimos que no estábamos solos”. Con esta frase arranca esta extraña película dirigida por el francés Louis Leterrier, un cineasta al que es difícil seguirle la pista porque pasa de Transporter 2 (2005) y El increíble Hulk (2008) a Furia de titanes (2010) pasando por pelotazos en taquilla como fueron Ahora me ves… (2013) y Fast & Furious X (2023).

Estamos en diciembre en un barrio residencial americano (suburbia) en una casa donde viven un matrimonio, sus dos hijos pequeños y el perro. La californiana Greta Lee (Vidas pasadas) y el brasileño Wagner Moura (El agente secreto) son la pareja protagonista, esa que una mañana cualquiera de un día cualquiera comprueba aterrorizada que no puede salir de casa. Las puertas y ventanas están selladas. “La lluvia traía algo rato”, dicen, para luego apuntar que “lo que nos retiene no es humano”. La última casa es como un episodio de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) y en su encierro forzoso y extraño la familia ve en bucle la adaptación al cine del musical Annie que dirigió John Huston en 1982. La otra opción es Air Force One (1997) con nada menos que Harrison Ford como el presidente de los Estados Unidos.

John Huston aceptó dirigir Annie por dinero. El cineasta se embolsó un millón de dólares, pero nunca la consideró una película suya. “Era de Ray Stark (el productor). Yo tuve poco o nada que ver con ella”, declaró Huston. Según Lawrence Grobel, autor del excelente libro Los Huston. Historia de una dinastía de Hollywood, “Annie le traía sin cuidado (…) A John no le gustaba hablar de esa película, no se sentía orgulloso de ella y la repudió por completo”. La familia de La última casa tiene una extraña fijación con el musical de Huston. También miran mucho por la ventana porque los vecinos están en su misma situación de encierro. “A veces, si te pasas mucho rato mirando por la ventana, ves cosas que imaginas”, dice la madre mientras la hija se pregunta si existen los monstruos. El hermano contesta que ahora sí.

La última casa es una película apocalíptica (aquí no es El último hombre vivo, es La última familia viva), una home invasion (la casa como trampa mortal), una de terror (en una zona y una casa familiar idílica fuera de la ciudad, como Poltergeist), de monstruos (el mito del leviatán y del kraken), de supervivencia (como los Robinsones de los mares del sur nuestros protagonistas se las ingenian porque tienen que “escapar cueste lo que cueste”), familiar (la familia unida ante la adversidad) y en algún momento es cine de catástrofes y en otros momentos todo a la vez y en todas partes.

Pero lo mejor es el final, cuando se convierte en una Monster movie y aparece en el horizonte Tentáculos (1977), esa serie B de cine de barrio donde sale John Huston. El cineasta también aceptó por dinero esta ridícula pero irresistible historia de un pulpo gigante que se come a los bañistas.
La última casa se puede ver en Netflix



