María Estévez (Las Vegas)
En una industria que vive entre la nostalgia de las franquicias y la incertidumbre del modelo actual, la irrupción de Tom Cruise y Alejandro González Iñárritu en el CinemaCon 2026 de Las Vegas fue una declaración de intenciones. Su nueva película, Dagger, también conocida como Digger en algunos lugares, se reveló como una apuesta radical que combina sátira política, desastre ecológico y una inesperada reinvención del propio Cruise.

El evento de CinemaCon reúne cada año a exhibidores y grandes estudios, pero este 2026 es diferente porque vivimos un momento clave para el negocio del cine. Warner Bros. desplegó una batería de avances cinematográficos en un momento en que el estudio se encuentra comprometido por su venta a Paramount y con las salas. Entre secuelas, superhéroes y grandes franquicias, Dagger sorprendió por su originalidad.

Un Cruise irreconocible
La primera gran sorpresa es el propio Cruise. Alejado del héroe atlético que ha definido su carrera durante las últimas décadas, el actor aparece aquí transformado en un magnate petrolero con barriga prominente, cabello blanco ralo peinado en un “combover” y un acento sureño exagerado que roza la caricatura.
Este personaje, Digger Rockwell, es el epicentro de una crisis global. Su empresa habría provocado una catástrofe ambiental con una fuga de metano de consecuencias devastadoras, que amenaza con desencadenar incluso un conflicto nuclear. La premisa, deliberadamente excesiva, se mueve entre la sátira y la advertencia.
En una de las escenas mostradas, Rockwell pasea por su mansión acariciando a su gato moribundo mientras ignora el desastre que ha contribuido a crear. La imagen resume el tono absurdo de un filme inquietante y profundamente político.

La comedia según Iñarritú
Para Iñárritu, ganador del Oscar por Birdman (2014) y El Renacido (The Revenant) (2015), este proyecto supone un giro significativo. Aunque ya había explorado la comedia negra, aquí se adentra en un territorio más caótico y abiertamente satírico.
El director subrayó durante la presentación que el cine debe implicar riesgo, incluso incomodidad. En ese sentido, Dagger parece construida sobre la voluntad de romper expectativas. Empezando por las del propio Cruise. “Encarnar a este personaje es otro tipo de valentía”, afirmó, destacando que el actor se arriesga en lo físico y en lo interpretativo.
El resultado remite inevitablemente a Dr. Strangelove, la cinta de Stanley Kubrick de 1964 sobre la guerra nuclear. Como en aquel clásico, el humor no suaviza la tragedia.

Una historia de obsesión y colaboración
La gestación del proyecto también aporta claves sobre su naturaleza. Iñárritu concibió la idea hace casi una década y llevaba años hablando con Cruise sobre la posibilidad de llevarla a cabo. El actor, según relató, quedó fascinado por el cine del mexicano tras ver Amores perros en 2000, hasta el punto de ver repetidamente la película.
El encuentro decisivo entre ambos tiene algo de mito hollywoodense. Cruise se fue conduciendo su motocicleta en plena noche por Sunset Blvd para pensar sobre el proyecto durante el rodaje de Top Gun: Maverick (2022).
Aunque el foco recae en Cruise, el reparto incluye a Sandra Hüller, Jesse Plemons, Riz Ahmed, Michael Stuhlbarg, Sophie Wilde y Emma D’Arcy. John Goodman interpreta a un presidente estadounidense enfermo que suplica al personaje de Cruise que repare el daño que ha causado. Una de las frases que se escuchan en el adelanto cinematográfico dice: “Si no podemos controlar el curso de la naturaleza, lo único que importa es quién tiene las agallas para ganar esta guerra”. Frase que sintetiza la lógica perversa por el control del relato.

Warner Bros. y el riesgo calculado
Dagger es también una apuesta industrial significativa. Con un presupuesto estimado de 125 millones de dólares, se inscribe en la estrategia de Warner Bros. de apostar por proyectos ambiciosos con sello de autor. La película de Iñárritu y Cruise representa tanto una oportunidad como un riesgo. La presentación dejó varias lecciones sobre el estado actual de Hollywood. La primera que el star system sigue siendo una herramienta poderosa.
La segunda que todavía existe espacio para el cine de autor dentro de los grandes estudios, siempre que esté respaldado por figuras capaces de generar atención global. Y la tercera, la más positiva, el cine comercial parece recuperarse mientras asume ansiedades contemporáneas.
CinemaCon funciona como termómetro de la industria. En esta edición, marcada por grandes avances y anuncios, la intervención de Cruise incluyó también un mensaje de apoyo a las salas de cine, reivindicando la experiencia colectiva frente al auge del streaming. En un momento de transformación profunda del sector, figuras como Cruise se erigen en defensores del modelo tradicional.

El estreno está previsto para octubre. Entonces se comprobará si esta apuesta, tan desmesurada como su protagonista, logra conectar con el público. De momento, en Las Vegas, ha conseguido recordar que el cine, incluso en su vertiente más industrial, aún puede sorprender.



