Las películas son para este verano 2026

Texto: Maria Estevez (Los Angeles)

El verano cinematográfico que comienza con el estreno de la secuela de El Diablo se viste de Prada se perfila como una temporada importante en términos de industria, aunque no necesariamente por su innovación creativa. Más que un periodo marcado por descubrimientos o nuevas voces, este verano parece definido por la consolidación de fórmulas conocidas. Los grandes estudios apuestan por propiedades reconocibles, directores de renombre y proyectos que ya cuentan con cierto respaldo previo. Es un cine con red de seguridad, donde el riesgo existe, pero atrapado dentro de estructuras familiares.

A diferencia de otros años en los que los festivales europeos funcionaban como semillero de sorpresas que luego dominaban la conversación, esta temporada se siente desconectada de ese circuito. Muchas de las películas destacadas vienen con el sello de cineastas de renombre. En ese sentido, el verano se construye más sobre la expectativa que sobre la revelación.

Dentro de este panorama, hay diez títulos que concentran la mayor atención y que representan bien las distintas tendencias del momento. Solo hay una secuela clara, dos si se incluye el caso particular de la franquicia Jackass, lo que sugiere que, aunque el reciclaje sigue presente, también hay espacio para propuestas originales o, al menos, independientes de sagas largas.

La gran apuesta es La Odisea (The Odyssey), dirigida por Christopher Nolan. Se trata de una adaptación de la obra de Homero y representa algo cada vez más raro en el cine comercial contemporáneo. Esta epopeya literaria no se basa en una propiedad previamente explotada por franquicias modernas. Es el tipo de proyecto que puede redefinir la confianza en el cine de gran presupuesto con aspiraciones artísticas, o bien convertirse en un ejemplo del exceso si no logra sostener su propia magnitud. Su mera existencia ya la convierte en el corazón del verano.

Otra figura clave es Steven Spielberg con El día de la revelación (Disclosure Day), un thriller de ciencia ficción centrado en extraterrestres. El director mantiene el secreto ante su nuevo filme que le devuelve a la ciencia ficción. Supone su regreso al tipo de cine que ayudó a definir su carrera, lo que añade un componente nostálgico al estreno.

En el terreno de las secuelas, Toy Story 5 representa la continuidad de una de las franquicias más queridas del cine animado. Aunque existe cierto escepticismo sobre la necesidad de prolongar la historia más allá de su cierre original, las primeras impresiones han sido positivas. La premisa introduce un elemento contemporáneo, una tecnología que interfiere con el mundo de los juguetes, lo que sugiere un intento de actualizar el conflicto para nuevas audiencias.

Por otro lado, Jackass Best and Last funciona como una anomalía dentro del panorama con una propuesta que no pretende evolucionar narrativamente, sino mantener intacta su esencia. Su valor reside en la fisicalidad de una forma de comedia que conecta con tradiciones clásicas del cine mudo, aunque llevadas a un extremo moderno.

En el ámbito más autoral y arriesgado, destacan varias propuestas. Teenage Sex and Death at Camp Miasma, de Jane Schoenbrun, donde la cineasta continúa explorando atmósferas inquietantes y obsesiones psicológicas. Es una obra que probablemente dividirá opiniones, pero que aporta una identidad clara frente al resto de la cartelera.

The End of Oak Street mezcla aventura, ciencia ficción y nostalgia, con una historia que combina viajes en el tiempo y criaturas prehistóricas. Su enfoque visual y su formato en gran escala apuntan a un espectáculo pensado para salas, pero con un tono analógico que remite al cine de los años 80.

Backrooms, producida por A24, representa el interés actual por adaptar fenómenos nacidos en internet. Más que una narrativa tradicional, apuesta por  la incomodidad, lo que la sitúa en una línea de terror más experimental.

También destaca The Death of Robin Hood, que propone una reinterpretación más oscura del mito clásico. En lugar de la aventura heroica habitual, se enfoca en un tono más introspectivo, en línea con tendencias recientes de revisar personajes conocidos desde perspectivas más complejas.

En cuanto a proyectos con potencial pero también incertidumbre, La constelación del perro (The Dog Stars), de Ridley Scott,  y liderada por el chico de moda Jacob Elordi presenta un mundo postapocalíptico marcado por una pandemia. Aunque el director tiene una trayectoria imponente, sus trabajos recientes han tenido una recepción irregular, lo que genera dudas sobre el resultado final.

Finalmente, The Invite, dirigida por Olivia Wilde y protagonizada, entre otros, por Penélope Cruz, llega con el respaldo del festival de Sundance. Su historia, basada en la cinta española Sentimental (2020) escrita y dirigida por Cesc Gay, centrada en una reunión entre vecinos que se transforma en algo inesperado, sugiere un enfoque  íntimo y basado en personajes. La incógnita es si podrá trascender el circuito independiente y conectar con un público más amplio.

En conjunto, este verano cinematográfico parece destinado a consolidar tendencias. Es una temporada donde el peso recae en nombres conocidos, en proyectos de gran escala y la familiaridad. Sin embargo, dentro de ese marco, aún hay espacio para que algunas películas destaquen y ofrezcan propuestas más personales o inesperadas.

To top