Nell Forbes (Marilyn Monroe) es una nefasta babysitter en el thriller de suspense Don’t Bother to Knock (Niebla en el alma) (1952). La chica está perturbada y no acaba bien, pero peor le va a Ann (Ania Pieroni) en Aquella casa al lado del cementerio (Quella villa accanto al cimitero) (1981), tercera parte de la trilogía «Las Puertas del Infierno» de Lucio Fulci. Las otras dos son: Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (Paura nella città dei morti viventi) (1980) y El más allá (…E tu vivrai nel terrore! L’aldilà) (1981).

La película, rodada en Ellis Estate, Massachusetts, comienza con una pareja asesinada en una tétrica mansión cuya arquitectura “está copiada de las viejas mansiones inglesas”. No es Amityville, pero podría serlo perfectamente. En Nueva York, un niño ve a una niña en una foto que le advierte desde una ventana. Esto es muy raro, pero da igual, porque, aunque la niña no haga nada, tenemos claro que este niño y sus padres van a pasarlo muy mal cuando viajen a Boston y se instalen en la vieja mansión al lado del cementerio. Resulta que él es científico y va a investigar el extraño suicidio del Profesor Freudstein, del que fue alumno, que ha descuartizado a su joven ayudante y luego se ha quitado la vida.

“Quiero descubrir por qué Petersen se colgó de una de estas vigas”, dice el doctor Norman Boyle (Paolo Malco), que está convencido de que la época de brujas y fantasmas ya ha pasado. Es evidente que está muy equivocado. En la casa, por supuesto, hay un sótano lleno de muebles viejos y un murciélago asqueroso. La esposa, Lucy (Catriona MacColl) grita en un momento dado que no soporta la casa ni un minuto más. Y eso que no sabe que la babysitter que ha contratado ha perdido la cabeza. Literalmente.
Aquella casa al lado del cementerio se puede ver en FlixOlé



