Grecia, plató de cine: pájaros en el alambre

Bird on a Wire es el título de una comedia de acción que protagonizaron en 1990 Mel Gibson y Goldie Hawn. En los mejores momentos de la historia, sonaba el inolvidable tema que daba título a la película compuesto por Leonard Cohen en septiembre de 1968. Como Stand by Me y la película de Rob Reiner basada en un relato de Stephen King, Bird on a Wire pasó a ser al mismo tiempo cine y música, película y canción. Ha contado Cohen que todo empezó cuando vivía en la isla griega de Hydra con su novia Marianne Ihlen. En ese lugar de ensueño, el cantautor canadiense vio desde la ventana un pájaro posado sobre uno de los cables telefónicos recién instalados en la isla. La canción se terminó en un motel de Hollywood y se grabó en Nashville, Tennessee el 26 de septiembre de 1968.

La isla de Hydra está en aguas del golfo Sarónico, en el mar Egeo, frente a la península de la Argólida. En dos horas navegando en barco por el sur desde Atenas te plantas en ese paraíso de 20 km de largo. Los pájaros en el alambre viven muy tranquilos porque, excepto los camiones de basura, los vehículos a motor están prohibidos. La gente se mueve a pie o en burro.

Pero hora Hydra y sus pájaros están revolucionados porque la gente de Hollywood ha desembarcado en sus empinadas calles de piedra y se ha instalado en sus casas señoriales. Claro que los más viejos del lugar todavía recuerdan la última vez que ocurrió algo semejante. Fue en 1956, doce años antes de que Leonard Cohen crease Bird on a Wire. Entre septiembre y diciembre de ese año un equipo de Twentieth Century Fox, con el director Jean Negulesco a la cabeza, se instaló en Hydra para rodar Boy on a Dolphin (La Sirena y el Delfín), la historia de Fedra, una joven pescadora de esponjas. Las miradas estaban puestas en sus protagonistas, tres estrellas de diferentes rangos. La sensación Sophia Loren, el ídolo caído Alan Ladd y el secundario que sonaba a todo el mundo, Clifton Webb. También salía el valenciano Jorge Mistral, un año antes de participar en La venganza, la primera película española nominada al Oscar en el apartado de producción internacional.

Boy on a Dolphin (La Sirena y el Delfín) fue la primera película americana de Sophia Loren y el rodaje comenzó en Hydra, para luego continuar en Miconos, Rodas, Delos y Santorini, el Partenón y el Anfiteatro de Atenas, Delfos, Corinto y los Monasterios de Meteora (en el recuerdo cinéfilo también porque por sus formaciones rocosas escalaron Roger Moore y Carole Bouquet en la parte final de Solo para sus ojos) con interiores localizados en los estudios Cinecittà de Roma. Grecia y Loren eran un buen reclamo, no así Alan Ladd, ese actor bajito (medía entre 1,62 y 1,68 m) que se había convertido en una estrella gracias a sus películas de cine negro en la década de 1940 junto a la fascinante Veronica Lake. Pero su momento había pasado.

Sophia Loren

En realidad, Ladd no fue la mejor opción. El protagonista tenía que haber sido Cary Grant, pero el actor abandonó el rodaje cuatro días después de comenzar porque su esposa, Betsy Drake, había sobrevivido al naufragio del transatlántico Andrea Doria y quería estar con ella. Robert Mitchum fue considerado para sustituirle, antes de que el presidente de Twentieth Century-Fox, Spyros Foukas, contratara a Alan Ladd para sorpresa de Jean Negulesco, quien pensaba que Ladd no era el adecuado para el papel. Era demasiado “pequeño” para salir al lado de Loren. «Parecía entonces y me parece ahora una locura total», confesó el director en su autobiografía, Things I Did and Things I Think I Did (Enero 1984).

El recuerdo de Sophia Loren sigue muy vivo en Hydra, como lo estará también dentro de muchos años el de Brad Pitt. La estrella lidera ese grupo de gente de Hollywood que ha desembarcado en la isla. La película que van a rodar se titula The Riders y está basada en una novela del australiano Tim Winton. Todo en The Riders suena muy bien. Está Pitt, una de las pocas grandes estrellas de verdad del actual Hollywood, más que Alan Ladd y al nivel de Loren. Y también está Edward Berger, el director alemán que encadenó una racha asombrosa con Sin novedad en el frente (2022), nueve nominaciones al Oscar de las que ganó cuatro (fotografía, diseño de producción, banda sonora y película internacional) y Cónclave (2024), ocho candidaturas y el premio al mejor guion adaptado.

Cierto es que Berger se tropezó con su siguiente película, Maldita suerte (Ballad of a Small Player) (2025), una tontería con clase para lucimiento de Colin Farrell. Con The Riders las aguas volverán a su cauce, las corrientes de la isla de Hydra para contarnos la historia de un tipo que deja su Australia natal para empezar una nueva vida con su familia en Irlanda. El plan es que él viaje primero a la isla para organizar la casa de campo aislada donde van a vivir y luego lo haga su esposa e hija de siete años, pero cuando llega al aeropuerto para recogerlas, solo la niña baja del avión. La pequeña está traumatizada y es incapaz de contarle a su padre lo que ha pasado ni por qué su madre la ha mandado sola en el avión. Así comienza la desesperada odisea del protagonista por Europa, intentando encontrar a su esposa. Una de las paradas de su aventura es Hydra.

La historia está en buenas manos porque de la adaptación se ha encargado David Kajganich, guionista de las magníficas, por muy vapuleadas que hayan sido por la crítica, cuando no ignoradas, Invasión (2007), Cegados por el sol (A Bigger Splash) (2025) y Hasta los huesos (Bones and All) (2022). Kajganich, que nació en Ohio en 1969, fue también productor de La habitación de al lado (2024), de Pedro Almodóvar.

El papel de la hija cuya madre ha desaparecido lo interpreta Coco Greenstone, la esposa es Julianne Nicholson (Ally McBeal, Ley y orden: Acción criminal) y en papeles secundarios tenemos a Danny Huston, la francesa Camille Cottin (famosa por el anuncio de Nespresso junto a George Clooney, pero mucho más que eso como podemos ver en La biblioteca de los libros rechazados, Cuestión de sangre o La casa Gucci, donde le robaba el marido a la mismísima Lady Gaga) y el danés Ulrich Thomsen (Celebración).

La novela de Winton ha sido definida como “la odisea psicológica y física de un hombre, que pasa por el duelo, la obsesión y el desplazamiento a través de fronteras”.

Grecia y La Odisea, que este año no puede ser otra que la de Christopher Nolan, rodada entre otras localizaciones en Mesenia (esquina suroeste del Peloponeso, un lugar de contrastes, con un sinfín de olivos, frondosos valles, montañas, barrancos y calas) o Corinto, con su vía de agua de 6 kilómetros de longitud que comunica el mar Egeo con el mar Jónico.

La Odisea es la película más esperada de 2026, se estrena el 17 de junio y está destinada a convertirse en un fenómeno más grande que el que protagonizaron en 2023 Oppenheimer y Barbie.

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