El mito Brooke Shields y lo que podía haber sido y no fue

Brooke Shields es una leyenda del show business americano casi desde que era una niña. Lo de La Pequeña (Pretty Baby) (1978), del director francés Louis Malle, fue muy fuerte, pero aún más fue lo de El Lago azul (1980). En esa época Brooke era una de las mujeres más famosas del mundo y no había cumplido los 18 años. 

Lo que resulta curioso es que luego su carrera como actriz no despegó, se quedó en tierra de nadie, era popular pero no acertaba con sus películas. Y ahora sabemos que eso podía haber cambiado porque estuvo muy cerca de intervenir en una de las producciones más premiadas y aclamadas de la época: Las amistades peligrosas (1988), de Stephen Frears, junto a John Malkovich, Glenn Close, Michelle Pfeiffer y Keanu Reeves. Brooke se presentó al casting para el papel de la inocente Cécile de Volanges.

“Me dijeron que al final la cosa estaba entre otra actriz y yo. También que la otra persona era una chica prácticamente desconocida: Uma Thurman. En ese momento y a esa edad, me tomé todo como algo personal, pero con el tiempo he aprendido que no es así porque un “no” pesa más que un “sí” en este negocio”.

Las amistades peligrosas (1988) fue nominada a siete Oscar y lanzó la carrera de Una Thurman, cinco años más joven que Brooke. El final de esta historia, sin embargo, es feliz, porque Uma y Brooke se hicieron amigas.

Pero “el pudo haber sido” de Brooke Shields, que nació en Nueva York el 31 de mayo de 1965, va mucho más allá de Las amistades peligrosas. Su carrera cinematográfica es una sucesión de catastróficas desdichas, malas decisiones que la convierten en la actriz de Hollywood que acumula más decisiones malas a la hora de aceptar o rechazar un trabajo. Vamos, que ha tenido un extraordinario talento para escoger con exactitud los proyectos equivocados y rechazar los apropiados.

Se puede entender que rechazase el papel secundario de “Roxy”, la novia de Catherine Tramell (Sharon Stone), en Instinto básico (1992), pero no que pasase de Rebeldes (1983), de Francis Ford Coppola, a favor de Diane Lane, de Acusados (1988), el papel para Kelly McGillis, Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989), que convirtió en estrella a Andie MacDowell, El club de los cinco (1985), que fue para Ally Sheedy, y Armas de mujer (1988), la consagración, con nominación al Oscar incluida, de Melanie Griffith.

También tuvo mala suerte. Le ofrecieron el papel del personaje de Deborah Gelly de adolescente en Érase una vez en América (1984), la obra maestra de Sergio Leone, pero una huelga de guionistas retrasó el proyecto, y terminó en manos de Jennifer Connelly.

No fue su culpa que no consiguiese ser Vivian en Pretty Woman (1990), y Catwoman en Batman vuelve (1992). A ambas hubiese dicho sí, pero los productores prefirieron a Julia Roberts y a Michelle Pfeiffer.

En el documental Pretty Baby: Brooke Shields (2023), dirigido por Lana Wilson y estrenado en el pasado Festival de Sundance, la icónica estrella habla de su vida, de su carrera y recorremos con ella el camino de una mujer que descubre su poder después de haber sido una joven sexualizada. 

Lo que seguro no se dice en el documental es que Brooke Shields es prima segunda de Alessandro Lequio, porque el abuelo de él, Alessandro Torlonia, era hermano de la abuela de ella, Marina Torlonia. Además, ambos son parientes de Glenn Close. La bisabuela de Alessandro Lequio y de Brooke, Mary Elsie Moore, era hermana del abuelo de Glenn Close, Charles Arthur Moore Jr.

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