Un domingo nada negro para Rian Johnson y los 450 millones por la espalda

Más de 450 millones de dólares le ha dado Netflix por hacer dos entregas de una saga de misterio. No de súper héroes o de ciencia ficción, como sería lo lógico tratándose de una cifra tan enorme. No, la franquicia es una serie de historias de misterio de toda la vida, con un detective de los de siempre y con, eso sí, muchas estrellas en el reparto, aunque esto tampoco es nuevo, se inventó en 1974 con la película Asesinato en el Orient Express y luego con Un cadáver a los postres (Murder by Death) (1976) y Muerte en el Nilo (1978). Tres obras maestras del cine de misterio de toda la vida. Rian Johnson como director y guionista es millonario.

La saga Puñales por la espalda ya va por su tercera entrega. La primera se estrenó en cines en 2019 y ahí conocimos al peculiar detective Benoit Blanc (un sorprendente Daniel Craig, en ese momento todavía ligado a James Bond), a la víctima (el escritor de novelas de misterio Harlan Thrombey interpretado por Christopher Plummer, en su último papel cinematográfico) y a su grupo de sospechosos: Chris Evans, Jamie Lee Curtis, Ana de Armas, Toni Collette, Michael Shannon, Don Johnson, LaKeith Stanfield y Katherine Langford.

El éxito de este homenaje a Agatha Christie (Muerte bajo el sol), Anthony Shaffer (La Huella), Ira Levin (La trampa de la muerte) y Neil Simon (Un cadáver a los postres), entre otras muchas adaptaciones al cine de obras de misterio, provocó un poco de revuelo. Rian Johnson, creador y director de esta especie de Cluedo, estaba sonriendo tranquilo quien sabe si leyendo a S.S. Van Dine cuando de pronto Netflix llamó a su puerta y le ofreció un contrato millonario para escribir y dirigir para ellos dos casos más de Benoit Blanc.

En Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion (2022), viajamos a una isla griega con Blanc y nos encontramos con otro estelar grupo de sospechosos: Edward Norton, Kate Hudson, Janelle Monáe, Leslie Odom Jr., Dave Bautista, Kathryn Hahn y las colaboraciones especiales de Ethan Hawke, Hugh Grant, Serena Williams y Stephen Sondheim (compositor de fama mundial que, como Plummer en la anterior, se despidió del cine con esta película).

Sondheim, autor de los musicales como Sunday in the Park with George, Sweeney Todd, A Little Night Music y Company, era un gran aficionado a los juegos de misterio y él y su amigo el actor Anthony Perkins escribieron el guion de la película de 1973 El fin de Sheila, otro de los títulos homenajeados en El misterio de Glass Onion, de ahí que Rian Johnson quisiera tener al músico en forma de cameo. Pero a Perkins y a Sondheim nadie les pagó 450 millones de dólares por crear su particular Cluedo a bordo de un yate que recorre el sur de Francia con personajes de la industria del cine.

Resulta que a los dos amigos les encantaba organizar reuniones donde los juegos de mesa de misterio y asesinatos eran la estrella. Estamos en Manhattan, Nueva York, a finales de los años 60 y principios de los 70 y entre los invitados estaban Lee Remick, George Segal y el productor y director Herbert Ross, que fue quien los animó para escribir un guion basado en este tipo de fiestas.

El rodaje de El fin de Sheila (1973) fue más divertido que la propia película dirigida por Ross, que aprovechamos para decir que no nos parece nada del otro mundo. No fue divertido cómo se comportó Raquel Welch, fascinante en la película (interpreta a una estrella de cine) e insoportable fuera de ella. James Mason llegó a decir que era «la actriz más egoísta, maleducada y desconsiderada con la que he tenido el disgusto de trabajar».

Tampoco fue divertido que Richard Benjamin, otro de los sospechosos del asesinato de la recordada Sheila, fuera él mismo objetivo de un plan para quitarle de en medio organizado por su cuñada Ann Prentiss, hermana de la actriz Paula Prentiss. La mujer intentó sin éxito contratar a un sicario para asesinarlo.

Tampoco fue muy gracioso que en un momento del rodaje se recibiera una amenaza terrorista por parte de «Septiembre Negro». Aunque según Raquel Welch «fue una falsa alarma». Hay que recordar que estamos en 1973, un año después de que ese grupo atacase los Juegos Olímpicos de Munich y dos antes de que Thomas Harris publicase la estupenda novela Domingo negro, llevada al cine en 1977 en una gran producción respaldada por el legendario Robert Evans. En esa época, el magnate de Paramount salía con Raquel Welch y la pareja asistió como espectadores en las escenas rodadas en el desaparecido Miami Orange Bowl, objetivo del grupo terrorista Septiembre Negro.

Puñales por la espalda: De entre los muertos (Wake Up Dead Man) (2025) y Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion (Glass Onion) (2022) se pueden ver en Netflix.

Domingo Negro (1977) no está disponible en ninguna plataforma, lo que es una pena.

El fin de Sheila (1973) se puede ver en Filmin

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