Texto: Maria Estevez
La noche de Otra batalla tras otra en los Globos de Oro fue la consagración de una película que supone la confirmación del estado de gracia creativo y político de Paul Thomas Anderson, el gran autor de la temporada y, a estas alturas, el principal favorito de cara a los Oscar. Tras conquistar el Critics Choice y arrasar en los 83º Globos de Oro, la épica revolucionaria, desordenada y profundamente humana de Anderson emerge como el filme a batir en una carrera marcada por la incertidumbre industrial y el desgaste de los viejos rituales de Hollywood.

Celebrada, como dicta la tradición, en el hotel Beverly Hilton de Beverly Hills, la gala volvió a derrochar glamour. Entre mesas abarrotadas de estrellas, copas de champán y discursos cronometrados, Otra batalla tras otra se alzó con el Globo de Oro a mejor película de comedia o musical, además de los premios a mejor dirección, mejor guion y mejor actriz de reparto para Teyana Taylor. Un póker histórico que solo había logrado antes Oliver Stone con Nacido el 4 de julio (1989) y que confirma a Anderson como uno de los pocos cineastas capaces de conciliar prestigio autoral y reconocimiento industrial.

La película, producida por Warner Bros., es una saga revolucionaria. Un relato coral de derrotas, contradicciones y pequeñas victorias que Anderson filma con la libertad de quien ha alcanzado un lugar intocable en el cine estadounidense. Su triunfo en los Globos es la culminación lógica de una temporada que le ha ido consolidando como la opción más sólida en un año sin un consenso claro.
En su discurso de aceptación del premio a mejor dirección, Anderson evitó el triunfalismo y optó por un agradecimiento que fue también una declaración de principios. “Me encanta hacer lo que hago, así que esto es solo diversión”, dijo antes de subrayar el papel de Michael De Luca, copresidente y consejero delegado de Warner Bros. Motion Picture Group, como garante de una forma de producir cine cada vez más rara. “Hace 25 o 30 años me dijo que soñaba con dirigir un estudio y dejar que los directores hicieran lo que les diera la gana. Así es como se hacen películas como esta”, afirmó. En una gala cada vez más atravesada por intereses corporativos, sus palabras sonaron casi subversivas.
El momento más emotivo llegó cuando Anderson recordó a Adam Somner, su ayudante de dirección habitual, fallecido en 2024, para quién Otra batalla tras otra fue su última película y a quien está dedicada. “Está infravalorado lo que hizo por mí, por nosotros y por este filme. Él hizo que todo fuera divertido”, dijo. El silencio respetuoso del salón contrastó con el tono acelerado de una ceremonia que rara vez permite detenerse.

El dominio de Otra batalla tras otra no impidió que la noche dejará espacio para sorpresas. En la categoría de mejor película dramática, Hamnet, el drama shakespeariano dirigido por Chloé Zhao, se impuso a Sinners (Pecadores), considerada hasta entonces la favorita. Jessie Buckley, protagonista de Hamnet, ganó además el Globo a mejor actriz dramática, consolidando su posición como aspirante principal al Oscar. “Me encanta lo que hago y me encanta formar parte de esta industria”, dijo Buckley, una de las intérpretes con una carrera más vertiginosa de los últimos años.
Hamnet se llevó el premio mayor, pero Sinners (Pecadores) no salió derrotada. El filme de Ryan Coogler ganó el Globo a mejor banda sonora y el galardón al logro cinematográfico y de taquilla, un premio discutido desde su creación pero que este año adquirió un peso simbólico. Sinners (Pecadores) recaudó 278 millones de dólares en Estados Unidos y 368 millones en todo el mundo, convirtiéndose en la película original (es decir, que no es un remake, ni una secuela, ni una adaptación ni pertenece a ninguna franquicia) más taquillera de los últimos 15 años. “Solo quiero dar las gracias al público por venir”, dijo Coogler. “Significa el mundo”.

La gala, presentada por segundo año consecutivo por Nikki Glaser, arrancó con un monólogo afilado y autoconsciente. “Sí, los Globos de Oro, sin duda lo más importante que está ocurriendo en el mundo ahora mismo”, ironizó. Glaser combinó chistes clásicos; la edad de las novias de Leonardo DiCaprio o la estatura de Kevin Hart, con referencias políticas y dardos a la propia industria. Su humor marcó el tono de una ceremonia que intentó ser relevante en un contexto de tensión social y económica.
Hollywood llega a esta temporada tras un año decepcionante en taquilla y con la incertidumbre sobre el futuro de estudios históricos como Warner Bros. A ello se sumó el clima político, tras el asesinato de Megan Good en Minneapolis por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), varios asistentes lucieron pines con mensajes como “Be Good” o “ICE Out”. Los Globos no fueron ajenos al malestar general.
Desde su venta en 2023 a Eldridge Industries y Dick Clark Productions, parte de Penske Media, los Globos han tratado de rehacerse tras años de escándalos. Hoy son votados por unas 400 personas, frente a los más de 10.500 miembros de la Academia que deciden los Oscar. No existe una correlación directa entre ambos premios, pero en la marea cambiante de la temporada, una buena noche en los Globos suele impulsar decisivamente una campaña a los Oscar.

Timothée Chalamet ganó su primer Globo de Oro, como mejor actor en comedia o musical, por Marty Supreme. Tras cuatro nominaciones fallidas, el actor de 30 años se perfila ahora como serio candidato al Oscar. “Mi padre me inculcó un espíritu de gratitud”, dijo. “Me permitió irme de aquí otros años con las manos vacías y la cabeza alta. Mentiría si dijera que eso no hace este momento aún más dulce”. Leonardo DiCaprio y George Clooney, rivales en la categoría, se levantaron para aplaudirle.
En el apartado interpretativo, la noche confirmó también el peso del cine internacional. Wagner Moura ganó como mejor actor dramático por El Agente Secreto, que además se llevó el Globo a mejor película internacional. “Si el trauma se puede transmitir entre generaciones, también los valores”, dijo el actor brasileño. “Esto es para quienes mantienen sus valores en momentos difíciles”. Stellan Skarsgård, de 74 años, ganó como mejor actor de reparto por Valor Sentimental y recibió una ovación de pie. “No estaba preparado para esto. Pensé que era demasiado viejo”, bromeó.
En televisión, The Pitt ganó como mejor serie dramática y Noah Wyle se llevó el premio interpretativo, mientras que Adolescence, de Netflix, arrasó con cuatro Globos, incluido mejor miniserie. Rhea Seehorn ganó por Pluribus y Jean Smart volvió a imponerse por Hacks. El premio más irónicamente acertado fue para The Studio, la sátira de Seth Rogen sobre Hollywood, que ganó como mejor serie de comedia. Rogen también fue reconocido como mejor actor. “Esto es rarísimo”, dijo entre risas. “Solo fingimos que esto pasaba. Y ahora está pasando”.



