Texto Maria Estévez desde Los Angeles
«De lo que sea que estén hechas nuestras almas, la de él y la mía son iguales.»
La frase de Emily Brontë ha sobrevivido casi dos siglos porque nombra algo que rara vez se puede explicar sin caer en el exceso. La unión de los protagonistas de esta obra no es romántica en el sentido convencional, sino feroz, obsesiva, casi incómoda. Emerald Fennell, la directora inglesa, parece haber entendido la historia de amor de Cumbres borrascosas como una fusión donde la dependencia emocional y la identidad compartida terminan con la destrucción mutua. Y Margot Robbie y Jacob Elordi, protagonistas de esta nueva adaptación, parecen haberlo asumido más allá del guion.

La película, que llegará a los cines el 13 de febrero, justo a tiempo para San Valentín, ya ha provocado debate antes de su estreno por su tráiler deliberadamente sensual, las extrañas decisiones de vestuario que son históricamente imprecisas y una banda sonora contemporánea marcada por la melancolía pop de la cantante y compositora británica Charli XCX. Todo este ruido estético, tan acorde con la cinematografía de Fennell, queda en un segundo plano por la intensidad delirante de la relación creativa entre Robbie y Elordi durante el rodaje.

En entrevistas recientes con Fandango y Vogue Australia, ambos han descrito una experiencia marcada por la cercanía constante, cayendo incluso en vigilancia mutua durante el rodaje en un intento de emular, de forma perturbadora, la dinámica entre Catherine Earnshaw y Heathcliff. Robbie, que además de protagonizar la cinta la produce, confesó sentirse “codependiente” de Elordi desde que comenzó la producción. “Él estaba siempre cerca, observando desde una esquina, en silencio, como Heathcliff observa a Cathy en la novela. Hasta que un día no estuvo”. La actriz ha explicado que se sintió desconcertada al no verle.

“Me sentí desorientada, como una niña sin su manta”, explicó Robbie. La metáfora no es casual. La actriz describe su dependencia como una necesidad emocional que le daba estabilidad y sentido a su interpretación. Brontë escribió sobre ese vacío con brutal honestidad en las páginas del libro, y Fennell parece haber convertido esa idea en un método de trabajo.
Elordi, por su parte, bromeó describiendo la experiencia como una “obsesión mutua”, aunque sus palabras revelan algo más profundo. Contó cómo observaba a Robbie a escondidas en los detalles más insignificantes. La miraban mientras bebía té, cuando comía, y se sorprendió al descubrir que nunca “se le caía el personaje”. Esa fascinación no es muy distinta de la que Heathcliff siente por Catherine. Es una admiración que roza la idolatría y que, al mismo tiempo, genera resentimiento por no poder poseerla del todo.

Lo interesante es que ambos actores insisten en que esa intensidad fue una reacción inconsciente que ocurrió casi sin darse cuenta. Elordi relató momentos en los que, incluso fuera de escena, corrían juntos por los páramos y, al mirarse, dejaban de verse como actores. “Yo veía a Catherine y ella veía a Heathcliff. Como un ejercicio interpretativo en el que ambos manteníamos una suspensión momentánea de la identidad propia”, dijo el actor.
Esa idea, la disolución del yo en el otro, está en el corazón de Cumbres borrascosas. Catherine no ama a Heathcliff porque la haga feliz; lo ama porque es ella. “Yo soy Heathcliff”, dice en la novela. Fennell, cuya filmografía ya ha explorado la obsesión, el poder y el deseo en Promising Young Woman (2020) y Saltburn (2023), también con Elordi, parece haber encontrado en Brontë su territorio natural.

La incomodidad del rodaje cuando no estaban juntos refuerza esa lectura. Ambos confesaron que “odiaban” filmar escenas separadas, incluso cuando compartían secuencias con otros actores a los que admiran profundamente. “Eso no está bien”, dijo Elordi, de las escenas en las que no aparecía Margo, como si la historia se resintiera cuando la pareja central se fragmentaba. El gesto de Elordi en el Día de San Valentín, de llenar la habitación de Robbie con rosas y una nota escrita desde la voz de Heathcliff, podría parecer anecdótico, sin embargo, la actriz subrayó el carácter teatral del detalle. “Fue un ritual, una prolongación del personaje. En Cumbres borrascosas, el amor siempre es excesivo o no es nada”.

Que esta adaptación llegue envuelta en polémica parece, en realidad, coherente con su espíritu. Brontë fue criticada en su tiempo por la violencia emocional de su obra, por la crueldad de sus personajes y por la falta de redención moral. Cumbres borrascosas nunca buscó agradar; buscó permanecer. Si la versión de Fennell incomoda, divide o exagera, quizá esté siendo fiel al texto original de una forma que otras adaptaciones más respetuosas no se atrevieron a explorar.
Margot Robbie y Jacob Elordi hablan de un rodaje difícil, de una cercanía que los descolocó. Tal vez ahí esté la clave para entender esta nueva versión que tiene obsesionadas a las redes sociales. Sin duda, el espíritu de la novela se reproduce viralmente en cuerpos contemporáneos. Hay historias que siempre sobreviven al tiempo.



