Lágrimas en la lluvia por Warner Bros.

Jack Warner solía decir: “No la quiero buena, la quiero el martes”. Una batalla tras otra (2025) es buena y debió estar lista para proyectarse ante los ejecutivos de Warner un martes. Ahora el estudio fundado en 1923 por los hermanos Harry, Albert, Sam y Jack Warner está en venta. Es una buena pieza de caza, como lo fue Twentieth Century-Fox, fundada en 1935 (aunque Fox Film Corporation, la matriz nació en 1915) y engullida por Disney en 2029 por 71.300 millones de dólares. Warner, y su servicio de streaming HBO Max, está en el punto de mira de Netflix y de Paramount. Este último es, junto con Universal, el estudio más antiguo, con fecha de nacimiento en 1912.

Netflix está dispuesta a pagar 83.000 millones de dólares, pero Paramount está en manos de David Ellison, el hijo del fundador de la empresa de tecnología Oracle, que se llama Larry Ellison y es uno de los hombres más ricos del mundo. David es muy amigo de Donald Trump y hermano de Megan Ellison, la joven que en 2011 fundó Annapurna Pictures, una de las compañías de cine independiente más potentes de Hollywood (empezó con la obra maestra Zero Dark Thirty y uno de los proyectos futuros es una versión del Cuento de Navidad de Dickens dirigido por el genio Bennett Miller con guion póstumo de Tom Stoppard).

La llegada de David Ellison al juego de Hollywood arrancó con la productora Skydance en 2006. El pelotazo en la taquilla de Top Gun: Maverick (2022) y la nominación al Oscar a la mejor película dejaron muy claro que David iba en serio. Tanto que en Julio de 2025 compró Paramount por 8.000 millones de dólares. La nueva compañía pasó a llamarse Paramount Skydance Corporation y en el paquete entraba la cadena CBS.  

“Como un asteroide golpeando Hollywood”. Así definieron los medios la entrada en escena del hermano de Megan. Un asteroide que a los 13 años tenía un avión y que quiere un estudio, Warner, que en las décadas de 1920 y 30 presumía de que en sus películas salían “héroes de la ciudad”.

Como los hermanos Warner, judíos de baja extracción social que empezaron en el negocio del cine con un perro y un actor de Broadway experto en Shakespeare y alcohólico. Rin-Tin-Tin y John Barrymore fueron los primeros, luego llegaron los gánsters, la especialidad del estudio en productos baratos y rápidos. Entre Hampa dorada (Little Caesar) (1931) y Una batalla tras otra (2025) hay toda una historia. Warner se atrevió el primero con el cine sonoro (El cantor de Jazz en 1927) y con apostar por estrellas que no lo parecían, de Edward G. Robinson a James Gagney, el protagonista de The Public Enemy (1931) y el rostro típico del estudio. Tan Warner eran los dos que si vivieran ahora no desentonarían en la película de Paul Thomas Anderson, Robinson en el papel que hace Benicio del Toro y Gagney en el de Sean Penn. ¿Y Leonardo DiCaprio? Pues Erroll Flynn, otra de las estrellas más potentes de la compañía. Pero también estaban Humphrey Bogart y Bette Davis. El mágico Busby Berkeley. Las “fulanas duras” (Lauren Bacall, Ann Sheridan) y unos guiones de hierro que sirvieran de base. Ahí está Casablanca (1942). Las chicas eran tan duras que dos de ellas, Bette Davis y Olivia De Havilland se enfrentaron al poderoso jefe Jack y le complicaron la vida mucho con sus demandas y exigencias (justas, por otro lado).

Otro hombre de hierro fue el gran Darryl F. Zanuck, uno de los titanes de Hollywood que se fue de Warner en 1933 para crear un estudio propio Twentieth Century, que luego se fusionaría, como hemos visto, con Fox Film Corporation. Zanuck fue uno de los pilares de la recién nacida Warner y su hijo, Richard D. Zanuck, como productor independiente, fue el hombre que sacó adelante El golpe (1973) y Tiburón (1975). Zanuck padre no era judío, como sí lo eran sus jefes, los hermanos Warner, hijos de judíos polacos, y como lo son los Ellison, por lo menos de ascendencia y de posicionamiento a favor de Israel. En otras palabras, Natalie Portman y Gal Gadot serían bien recibidas en Paramount. Javier Bardem y Mark Ruffalo no. Según la revista Variety, Paramount Skydance “mantiene una lista de talentos con los que no trabajará porque son considerados abiertamente antisemitas”.

El que siempre tendrá las puertas de Warner abiertas es Clint Eastwood. Él mismo lo cuenta en el libro que celebra el 100 aniversario del estudio. “Llegué a la WB en 1971 para rodar una película, Harry El Sucio. Así comenzó una relación que perdura hasta hoy”. En 1975 Eastwood se instaló en un pequeño Bungalow de estilo español dentro del estudio y ahí se quedó, más tiempo en la casa que cualquier otro actor o director en su dilatada historia. Lo más curioso es que nunca ha firmado un contrato a largo plazo con la compañía. “Simplemente pasamos de una película a la siguiente, nos tenemos confianza mutua y nos caemos bien”. En Warner siempre le han dado libertad para hacer las películas que ha querido, aunque imaginaran que no serían un éxito de taquilla. “Una manera de hacer las cosas que por desgracia ya no es tan habitual”.

Warner también se merece un aplauso porque le dio la misma libertad creativa a Stanley Kubrick, otro fiel a la casa. El rodaje de Eyes Wide Shut (1999), por ejemplo, tiene el récord Guinness mundial del más largo continuado de la historia del cine, con una duración de más de 400 días (aproximadamente 15 meses) Eso fue así porque Warner quiso que fuera así.

Pero antes de las obras maestras de Kubrick estuvieron La Calle 42 (1932), El sueño de una noche de verano (1935), Mildred Pierce (1945), Al Rojo Vivo (1949), El sueño eterno (1946) o Al Este del Edén (1955).

“Se habla de un ADN de la Warner, algo indefinible pero palpable que da forma a las películas que hicimos allí. Ha cuidado su pasado mejor que ningún otro”, resalta Eastwood.

Seguramente ni Greg Peters y Ted Sarandos, los que mandan en Netflix, ni David Ellison saben que Harry Warner, el mayor de los hermanos nació en Polonia y llegó a USA muy pequeño. Albert (Abe), Sam y Jack nacieron en USA. Los cuatro inauguraron su primera sala de cine en New Castle, Pensilvania, EL Cascade, donde proyectaban cortometrajes. El 4 de abril de 1923 fundaron WB. Pictures Inc. en Culver City y un perro fue su primera gran estrella. Rin-Tin-Tin cobraba 6.000 dólares semanales, tenía camerino, chef particular, limusina, chófer, 18 dobles caninos para hacer las escenas de acción y un guionista de lujo llamado Darryl F. Zanuck, que le escribía sus aventuras. En 1924 llegó Barrymore. En 1927 estrenaron 43 películas y en 1929, 87.

Ahí están Yanqui Dandy (1942), Murieron con las botas puestas (1941), Grupo Salvaje (1969), Bonnie & Clyde (1967), Sin perdón (1992) o Million Dollar Baby (2004) por nombrar sólo algunas. La primera película del estudio que ganó el Oscar fue The Life of Emile Zola (1937). Luego llegarían Casablanca (1943), My Fair Lady (1964), Carros de Fuego (1981), Paseando a Miss Daisy (1989), Sin Perdón (1992), Million Dollar Baby (2004), The Departed (Infiltrados) (2006) y Argo (2012). No son muchas para un estudio con tanta historia. Las otras grandes compañías clásicas, Fox, Columbia, Universal, MGM, United Artists y Paramount, tienen más, pero Warner tiene personalidad. “La gente que veía aquellas películas (años 30 y 40) quería entretenimiento. Quería entrar en el cine y olvidar sus problemas, pero al mismo tiempo… quería ver sus problemas reflejados con honestidad. Y ellos (WB) hacían eso”. Palabras de Martin Scorsese que todavía resuenan para un futuro incierto, esperemos que no como lágrimas en la lluvia. Por cierto, Blade Runner (1982) es de Warner.

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