El último duelo de Ridley Scott: ¿La muerte del cine sin capa?

El 14 de febrero de 2020 Ridley Scott comenzaba el rodaje de The Last Duel (El último duelo), el 13 de marzo se paraba todo por culpa del Coronavirus y se reanudaba el 28 de septiembre. El 14 de octubre terminaba por fin esta película ambientada en el siglo XIV en Francia y basada en una historia real, segundo largometraje de Sir Ridley Scott sobre duelos tras debutar con Los duelistas (1977). Cuatro meses después, el 8 de marzo de 2021, el director arrancaba House of Gucci (La casa Gucci), rodaje que se prolongó hasta mayo de 2021. Así que Ridley Scott, con 82 y 83 años, empezaba y terminaba dos películas en medio de una pandemia mundial.

Es sabido que Scott no pierde el tiempo. Y es tremendamente práctico. No se anda con tonterías, como sí hacen otros colegas suyos, a vueltas siempre con el arte, el mensaje y todo ese rollo. “Nada me estresa en este mundo. 4.000 anuncios, unas 30 películas y 200 producciones. Sé darle a la pelota me la tiren por donde me la tiren”, suele contestar a quien le pregunta asombrado sobre su prodigiosa actividad. En ese sentido, sólo hay en activo ahora un cineasta igual que él: Clint Eastwood, 92 años, y que en cierta ocasión le dijo a un ejecutivo de Warner a propósito de las habituales encuestas al público en los pases de prueba: “Si tanto les interesa la opinión de un empleado de supermercado, que lo contraten a él para hacer la película”.

The Last Duel fue un monumental fracaso, pero era mejor que el 80% de lo que se estrenó el año pasado. Poco importó que fuera la primera película que Matt Damon y Ben Affleck escribían y protagonizaban juntos desde Good Will Hunting (El indomable Will Hunting) (1997). El batacazo fue brutal. En su primer fin de semana en cines recaudó 9 millones. Había costado hacerla 100. 

Scott, poco dado a justificarse, salió para decir que el público de ahora sólo tiene interés por las películas basadas en cómics. No es el único que lo piensa. John Malkovich ha dicho recientemente que “hoy en día es muy difícil llevar a la gente a los cines a no ser que lleves capa”. Jodie Foster, en el negocio desde que era una niña de seis años, es más tajante: “Creo que hemos llegado al final de una etapa. Hoy todo ha cambiado y yo diría que es culpa de los estudios. Ellos fueron los que propiciaron un sistema en el que sólo se confía en las franquicias millonarias y desatendieron la parte de la industria que trabajaba las ideas, los guiones. Ahora ese sector es historia, en los estudios ya no están. Se han ido al streaming o el Cable. Las historias de verdad ya no están en el cine”. 

Con este panorama, nada optimista es David Cronenberg, y eso que estrenó en cines su nueva película, Crimes of the Future. “No creo que las salas de cine existan mucho más tiempo, o existirán unas pocas, como ha ocurrido con el formato del vinilo en la música. La pandemia solo ha acelerado un proceso que ya estaba ahí. Con el confinamiento la gente ha visto más series y filmes que nunca. No creo que cuando esto se acabe volvamos a las salas como antes”. James Gray, otro que se mantiene fiel a sí mismo y hace un cine más allá de esas “capas” de las que habla Malkovich, reconoce que “la clase media del cine ha desaparecido. Ahora solo tienes las películas de Marvel y las películas que se ruedan con un iPhone. Hay 5 directores rodando cosas para Marvel y el resto de nosotros tenemos que batallar para encontrar dinero para nuestros proyectos”. Gray ha estrenado en los últimos años “rarezas” como The Lost City of Z (2016).

Neil Jordan fue lo que se dice en su día “un director para tener muy en cuenta”, y tanto, porque Hollywood le fichó para uno de los proyectos más importantes de la década de 1990: la adaptación al cine de Entrevista con el vampiro. Ahora, el irlandés Jordan anda perdido, como muchos colegas de generación. “Por desgracia, Hollywood ya no está interesado en cierto tipo de películas, como Juego de lágrimas”, dice recordando el título que le puso en el mapa mundial allá por 1992. Al inglés Stephen Frears le ocurrió algo parecido. Hollywood le llamó para Las amistades peligrosas (1988) y de repente era el hombre de moda. Ahora también está desencantado. “En mi país el cine ha muerto, ya nadie va a las salas y, si lo hace, es para ver películas basadas en cómics y a mí ese cine no me interesa nada. Creo que los mejores y más ambiciosos trabajos se hacen ahora para la TV, como Roma (2018)”.

Para ser justos, y volviendo a The Last Duel, muchos creen con razón que su fracaso en la taquilla fue “crónica de una muerte anunciada”, porque a Disney le interesó más bien poco apostar por una producción ambientada en 1386, que plantea una historia compleja desde tres puntos de vista diferentes, con mucho barro y suciedad, y Matt Damon gordo, antipático y con la cara cortada. 

La falta de interés de Disney se puede aplicar a muchas otras películas que la compañía heredó de la fusión con 20th Century Fox y que estaba obligada por contrato a estrenar. Por ejemplo, Muerte en el Nilo. Sencillamente no supieron qué hacer con The Last Duel y ahora se pasea por Disney + intentando tener una segunda vida entre La bruja novata (1971) y La bahía de las esmeraldas (1964).

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