“El ascenso de un dictador en el lugar menos probable”. Así definió James Ashcroft, natural de Nueva Zelanda, su segundo largometraje tras Atrapados en la oscuridad (2021). La ley de Jenny Pen (The Rule of Jenny Pen) (2024) admite también una comparación que puede sonar surrealista pero no lo es si uno ve la película con pasión. Como Geoffrey Rush y John Lithgow están encerrados (en su caso en una residencia de ancianos aislada), el primero es víctima improbable y el segundo es malo como un demonio, sádico y desequilibrado, podemos decir que estamos ante una versión masculina de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962).

También hay que aplaudir que Geoffrey Rush haya decidido volver a ponerse delante de una cámara tras cinco años sin hacer cine (desde Storm Boy en 2019). Lo hace enfrentándose en un duelo de altura con John Lithgow, al que ya conocía del rodaje de The Life and Death of Peter Sellers (2004), donde él era el protagonista y Lithgow interpretaba a Blake Edwards.
Rush es en La ley de Jenny Pen el implacable juez Stefan Mortensen, que acaba en silla de ruedas ingresado en una residencia donde su primera experiencia es ver cómo un paciente es consumido por las llamas. Dave Crealy, el personaje de Lithgow, está a la altura de otros tipejos que ha interpretado este gran actor nominado dos veces al Oscar (El mundo según Garp y La fuerza del Cariño). Recordemos que Lithgow fue Roger Ailes en Bombshell (2019), Arthur Mitchell en la serie Dexter (2009) y el desquiciado psicólogo de En nombre de Caín (1992). Dave Crealy es un matón que disfruta con el bullying hacia sus compañeros mayores, pero Stefan le planta cara. Baby Jane entre hombres.

James Ashcroft plantea la historia como una angustiosa pesadilla, sin salir del edificio. Como Blanche Hudson, Stefan Mortensen también va en silla de ruedas y como Baby Jane Hudson, Dave es un psicópata que disfruta haciendo putadas a los demás, macabro matón que incluso llega al asesinato. Lo único que podemos sacar en claro es que en la residencia Royal Pine Mews hay muy poca vigilancia. Suspenso al personal porque los pacientes, sobre todo Dave y Stefan, hacen literalmente lo que les da la gana.

El clásico de Robert Aldrich recorre los rincones de La ley de Jenny Pen, como también lo hace otro clásico, pero más moderno, Misery (1990). No es casualidad que la película termine con la canción Misery Misery Misery de Jimmy Gilmer.
La ley de Jenny Pen se puede ver en M+ y en Filmin



