Aviso a los ganadores, cuidado con los discursos

Ricky Gervais es el que más claro lo ha dicho. Fue en la ceremonia de los Globos de Oro 2021. El humorista advirtió a los invitados que si ganaban el premio esa noche no lo utilizasen como plataforma para hacer un discurso político. “No estáis en posición de sermonear al público sobre nada. No sabéis nada sobre el mundo real. La mayoría de vosotros habéis pasado menos tiempo en la escuela que Greta Thunberg. Así que, si ganáis, sí, subid, aceptad vuestro pequeño premio, dad las gracias a vuestro agente y a vuestro Dios y largaos de una puta vez, ¿vale? Esto ya dura de por sí tres horas”.

El lector de Esquire que puso en su sitio a Jack Nicholson

Algo parecido le pasó a Jack Nicholson, ganador de tres Oscar y todavía arrepentido del día en que decidió opinar sobre varios temas políticos y sociales. La respuesta llegó en forma de carta a la revista Esquire firmada por un lector llamado Dan Cochran, de Emeryville, California, dirigida directamente a Nicholson: “Siempre me ha hecho gracia ver cómo los actores ofrecen consejos y puntos de vista sobre la experiencia humana común como si estuvieran tan conectados como el resto de la gente. Lo que siempre parecen olvidar es que seguramente han sido ricos durante más de la mitad de sus vidas, que viven en un entorno que casi por definición gira por completo en torno a ellos mismos y que se pasan la mayor parte de sus carreras profesionales fingiendo ser otras personas”.

Glenn Close perdió su última oportunidad de ganar el Oscar con su nominación por Hillbilly, una elegía rural (2020), película basada en las memorias del vicepresidente de Estados Unidos J.D. Vance

El trasero de Glenn Close salva la ceremonia

Hay quien piensa que Ricky o el bueno de Dan se pasaron de la raya con sus advertencias, pero es que las cosas se han desmadrado en esto de las entregas de premios. Kyle Smith, del National Review, vio la ceremonia de los Oscar 2021 y llegó a una conclusión. “Si pasaron cinco minutos sin que alguien nos recordara algo horrible, supongo que me lo perdí. Cuando el momento más gracioso es el baile del trasero de Glenn Close, tienes un problemilla”, dijo recordando el momento en que la actriz de Atracción fatal (1987) se marcó un perreo encantada de la vida y eso que minutos antes había perdido el Oscar por octava vez.

Un francés agradecido

Claro que tampoco es cuestión de prohibir los discursos de agradecimiento porque hay algunos que están muy bien. El francés Régis Wargnier estuvo particularmente acertado cuando subió para recibir el Oscar por Indochina (1992). El cineasta dijo que le habían alegrado el día. “Esto es mucho. Esto es Hollywood. Voy al cine desde que tenía diez años, así que esta noche quiero agradecer primero a mis amigos de Sony Classics, Marcie, Tom y Michael, y especialmente a los héroes de mi juventud, quiero decir Richard Widmark, Gregory Peck, Dorothy Malone, Linda Darnell, Stewart Granger, y tantos, porque me hicieron soñar que tal vez algún día sería cineasta”.

Ethel Barrymore debió quedarse con el Oscar

Uno de los años más reñidos en la historia del premio a la mejor actriz protagonista fue 1950, dos de las más grandes interpretaciones de la historia del cine luchando por el Oscar. Bette Davis por Eva al desnudo y Gloria Swanson por El crepúsculo de los dioses eran las favoritas, pero ninguna de las dos estaba presente en la gala. Ganó contra todo pronóstico Judy Holliday por Nacida ayer, que tampoco estaba presente, por lo que subió a recoger el premio en su nombre la veterana Ethel Barrymore. Como cuenta Sam Staggs, “Aunque con 71 años, subió majestuosamente al escenario, saludó como la primera dama del teatro americano que era (¿quién demonios concedió semejante título a Helen Hayes?), y pronunció su breve discurso dando la impresión de que la esencia del teatro se hallaba en aquellas breves palabras de agradecimiento. Barrymore estuvo magnífica, debería haberse quedado con el premio”.

Tiempos extraños para Colin y Meryl

Los británicos suelen estar muy presentes en los Oscar, con su maravilloso humor inglés. Colin Firth entregó el premio a la mejor actriz y se quedó encantado de que en el sobre estuviera el nombre de su amiga Meryl Streep por La dama de hierro: “Meryl, mamma mia. Recuerdo cuando estuvimos en Grecia. Yo era gay, y probablemente el padre de tu hija. Eran tiempos extraños”.

Ingrid nombra a Valentina y se lía parda

En la historia de los premios de la Academia una de las anécdotas que siempre se cuenta es la protagonizada por Ingrid Bergman cuando ganó como actriz de reparto por Asesinato en el Orient Express (1973). Otra de las nominadas era la fascinante actriz italiana Valentina Cortese, amiga de Bergman desde que rodaron juntas La visita del rencor (The Visit) (1964). La estrella agradeció el Oscar dando las gracias a todos. A continuación, dijo: “Siempre es agradable recibir un Oscar, pero en el pasado me ha demostrado que es muy olvidadizo… porque el año pasado, cuando ganó La noche americana (1973), no podía creer que Valentina Cortese no hubiera sido nominada, ya que en esa película realiza la más hermosa de las interpretaciones. Y ahora aquí estoy yo, su rival, y no me gusta en absoluto. ¿Dónde estás? (entonces divisó a su amiga entre el público y Cortese se levantó y envió a Ingrid un beso). ¡Ah, aquí estás! ¡Por favor, perdóname, Valentina, yo no quería hacerlo!”. El público rompió en aplausos porque estaban viendo cómo una ganadora compartía la victoria con una amiga que genuinamente consideraba que lo merecía más. Pero las otras nominadas (Madeline Kahn, Diane Ladd y Talia Shire) no se lo tomaron tan bien, lo que llevó a Bergman a confesar más tarde que “hubiera salido ganando si me hubiese mordido la lengua”.

Y Juliette nombra a Lauren y se vuelve a líar

Algo parecido hizo Juliette Binoche cuando, para sorpresa de todos, ganó como actriz de reparto por El paciente inglés (1996). La francesa no se lo podía creer y una vez en el escenario nombró a la que había sido hasta ese momento la gran favorita, Lauren Bacall, un mito de Hollywood que recibía su primera nominación. A Bacall no le gustó nada que la citase y confesó que tuvo que hacer un gran esfuerzo por aparentar tranquilidad. 

La mejor manera de sobrevivir al Oscar

En fin, que nunca se sabe. Si hablas mucho o poco (como Gloria Grahame que agradeció el Oscar a la mejor actriz de reparto por Cautivos del mal en 1952 con un simple «Gracias»), si te acuerdas de los otros nominados o no, si se lo dedicas a tu familia o no, si lloras desconsoladamente o te muestras frío…. acertar es muy difícil y librarte de las críticas imposible. Así que vamos a hacer caso a Humphrey Bogart, que siempre pensó que «La única manera de sobrevivir a un Oscar es no intentar ganar otro».

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