Chicho o mientras el cuerpo aguante (una comedia didáctica)

25 de septiembre de 2026 en cines

Dirigida por Fernando Trueba

Guión Fernando Trueba

Reparto Chicho Sánchez Ferlosio, Rosa Jiménez, Isabel Escudero, Rafael Andreu Coll, Fernando Trueba

Duración 1 h 29 m

Por qué hay que verla

Un retrato libre, musical e inclasificable del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio. Se trata de una reposición del que fue el segundo largometraje de Fernando Trueba.

Estrenada en 1982, dos años después de Ópera prima, la película se adentra en el universo del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio a través de una propuesta situada entre el retrato documental, la película musical, la conversación filosófica y la comedia. Una obra libre y heterodoxa que convierte el propio rodaje en parte de la película y que ahora volverá a las salas para ser descubierta por una nueva generación de espectadores.

Hijo del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas (y hermano del también escritor Rafael Sánchez Ferlosio), Chicho Sánchez Ferlosio había escogido un camino político, intelectual y vital radicalmente opuesto al de su padre. Fue autor de algunas de las canciones más emblemáticas de la resistencia antifranquista como Gallo rojo, gallo negro, pero también coplista y rapsoda; músico, filósofo, matemático, lingüista e inventor; lector empedernido y profundo conocedor de la Biblia; estudioso del cannabis y creador de juegos, artefactos e imágenes psicodélicas.

Marxista-leninista declarado, devenido en ácrata y que había conocido la cárcel, Chicho aparece también como un hombre reivindicativo, comprometido y extraordinariamente avanzado para su época. Un conversador inagotable, capaz de relacionar la política, la música, las matemáticas, la religión o la vida cotidiana con una lucidez y un sentido del humor imprevisibles. Un auténtico hombre del Renacimiento en pleno siglo XX.

Trueba rodó la película en Sóller, Mallorca, donde residía Chicho junto a su compañera Rosa Jiménez, y participa también delante de la cámara junto al resto de su equipo. A través de conversaciones, de las canciones que Chicho interpreta o improvisa y de un juego de espejos con el propio rodaje, la película construye el retrato poliédrico de un personaje irrepetible.

Pero también captura una forma de hacer cine: cercana, artesanal y abierta a todo aquello que pudiera suceder delante de la cámara.

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