Texto: María Estévez (Los Ángeles)
Durante décadas, Tom Cruise ha construido una relación casi indestructible con el público. Puede cambiar de personaje, de director o de saga, pero siempre permanece la certeza de que su nombre basta para convertir una película en acontecimiento. Ahora esa certeza se enfrenta a una prueba distinta. Digger, su nueva película, llega a los cines rodeada de una recepción crítica tan dividida que Warner Bros. ha decidido convertir la controversia en parte de su campaña de lanzamiento. Y mientras Cruise intenta demostrar que todavía puede llevar al público hacia arenas movedizas, Hollywood empieza a mirar, cada vez con más atención, a la generación que viene detrás.

Las primeras críticas de Digger, dirigida por Alejandro González Iñárritu, han dibujado un paisaje poco habitual para una superproducción protagonizada por Cruise. Hay quien celebra la osadía de la película, su carácter satírico y la decisión del actor de abandonar durante un tiempo el territorio conocido de Mission: Impossible y Top Gun. Otros la consideran excesiva, agobiante y un fallo en la cronología del actor.
El resultado es una película que parece provocar tanto fervor como desidia.

La propia Warner Bros. ha asumido esa división. En una campaña difundida después de la publicación de las críticas, el estudio enfrenta opiniones contradictorias en sus anuncios: “obra maestra” frente a “desagradable”, “brillante” frente a “desconcertante”, “magnífica” frente a “insoportable”. El mensaje es tan sencillo como significativo. La película es la misma, pero la experiencia puede ser distinta para cada espectador.
Es una estrategia poco habitual para una película de gran presupuesto. Digger no es un experimento independiente condenado a encontrar su público con el tiempo. Es una producción de estudio, protagonizada por una de las estrellas más reconocibles de Hollywood y dirigida por un cineasta ganador del Oscar (varios) como Iñárritu. La película, una sátira sobre el cambio climático, coloca a Cruise en la piel de un magnate petrolero llamado Digger Rockwell. La crítica de Los Angeles Times destaca precisamente el riesgo de que el actor haya abandonado el camino relativamente seguro de sus franquicias para interpretar a un personaje grotesco.

Ahí está una de las paradojas del momento que atraviesa Cruise. El actor parece querer demostrar que todavía puede sorprender, pero Hollywood continúa reclamando como garante de aquello que ya sabe hacer. Top Gun: Maverick fue la culminación de esa lógica. Se dedicó a recuperar un personaje conocido que lo devolvió a la pantalla grande haciendo de la nostalgia un acontecimiento global. Mission: Impossible siguió una operación parecida, aunque con la diferencia que Cruise convirtió su propio cuerpo y su disposición al riesgo en parte del espectáculo.
Digger es otro juego. Es una película extraña, menos inmediata y mucho más difícil de vender. Cruise aparece transformado físicamente y se adentra en una sátira negra con la catástrofe climática como reclamo. El actor ya no trata de ser el héroe que corre y desafía a la muerte. Está intentando demostrar que también puede ser el elemento imprevisible de una película.

Y, precisamente cuando esa estrategia está siendo puesta a prueba, aparece otra noticia sorprendente sobre el futuro de su cine.
Cruise prepara Days of Thunder 2, la continuación de la película de 1990 Días de trueno en la que volverá a interpretar al piloto de NASCAR Cole Trickle. Anne Hathaway se ha incorporado al reparto como propietaria e ingeniera de un equipo. La película tiene previsto llegar a los cines en el verano de 2028 y será dirigida por Jonathan Levine, responsable de títulos como Warm Bodies y Long Shot.
Pero Levine no habría sido la primera opción de Cruise. Según Matt Belloni, de Puck, Cruise y Paramount cortejaron “agresivamente” a Shawn Levy para hacerse cargo de la película. Levy finalmente rechazó trabajar con Tom para dirigir Ghost Rider, con Ryan Gosling como protagonista. Levy ya trabaja con Gosling en Star Wars: Starfighter y, además, dirigió para Marvel Deadpool & Wolverine. Gosling, por su parte, ha sido confirmado como el nuevo Ghost Rider, con Levy al frente de la película.

La historia tiene su chiste. Cruise habría ido a buscar a uno de los directores más solicitados del Hollywood actual para continuar una de sus franquicias más personales y, finalmente, ese director ha elegido trabajar con un actor que pertenece a una generación que le pisa los talones.
No sabemos si algún día Gosling ocupe el lugar de Cruise. Hollywood no funciona como una carrera de relevos tan ordenada. Pero sin duda la industria observa con atención la relación entre ambos. Gosling tiene algo de Cruise porque ambos cuentan con reconocimiento internacional, capacidad para moverse entre el cine comercial y proyectos más singulares y una imagen pública que no depende de una sola franquicia. Ahora Marvel sitúa a Gosling en el centro de una de sus propiedades más reconocibles.
Levy es un director habitual de ese Hollywood que sabe convertir grandes presupuestos en acontecimientos populares. Después de Deadpool y Wolverine, trabaja con Gosling en Starfighter y prepara Ghost Rider. Cruise, mientras tanto, continúa apostando por directores diferentes para cada etapa de su carrera.

En Top Gun: Maverick, esa operación funcionó con Joseph Kosinski. El resultado fue extraordinario en términos comerciales. La película superó los 1.000 millones de dólares y terminó convirtiéndose en uno de los grandes fenómenos cinematográficos de la década. Cruise volvió a interpretar a Pete “Maverick” Mitchell y demostró que una estrella veterana podía seguir movilizando a espectadores de varias generaciones.
Pero Digger puede ser una voltereta para Cruise y no digamos para Iñarritu.
La respuesta está en la taquilla. La película se estrena el viernes 2 de octubre y las previsiones iniciales apuntan a un arranque doméstico modesto, aunque esas estimaciones pueden cambiar una vez que el público tenga acceso a la película.
A sus 64 años, Tom Cruise continúa produciendo, protagonizando películas de gran presupuesto y convirtiendo cada estreno en un acontecimiento. Pero Digger introduce una incógnita que abre brecha en su futuro.
Como tantas otras veces, Hollywood tendrá que esperar la respuesta en las salas.



